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5 August, 2012 - 07:00

Estado de alerta, una forma de vida para periodistas en Marruecos

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Marruecos adoptó una nueva Constitución el año pasado en la que se contempla ampliamente la libertad de expresión y de prensa. Pero, como nuestra corresponsal Ellen van de Bovenkamp sabe por experiencia propia, nada ha cambiado demasiado. Ella describe la lucha para trabajar en un país donde la “libertad de prensa” en su concepto con limitaciones.
Solo unas pocas semanas después de que se anunciara el borrador de la nueva Constitución, el periodista Rachid Nini fue arrestado. Desapareció detrás de las rejas por escribir artículos críticos sobre personas en altas posiciones. La Corte decidió que sus artículos les causaron daño. En Marruecos, la gente habla de prisión como en Holanda se podría hablar de estar sin trabajo: un período duro pero parte de la vida. Yo creo que nunca me acostumbraré a ver la cárcel como uno de las vicisitudes de la vida como me ocurrió con Rachid algunas veces. Yo estaba consternada cuando fue sentenciado a un año de prisión.
Paranoia
Yo ya me he acostumbrado a otros aspectos de la vida marroquí, e incluso he adoptado algunas de sus tácticas. Soy cuidadosa sobre lo que digo por teléfono y lo que escribo en mis correos electrónicos. Y cuando hay una revisión de seguridad sorpresiva en el aeropuerto, no me pongo nerviosa por llevar un libro que esté prohibido en Marruecos. He decidido no mirar por sobre mi hombro cuando camino por la calle, ya que solo me pondría paranoica, pero sé que a veces hay gente siguiéndome. Investigar dónde voy y con quién me encuentro. Quizás debería ser más precisa sobre mis compromisos en mis correos electrónicos, de modo que esa gente no necesitara seguirme por la calle.
[related-articles]Correo interceptado
Mi primer trabajo en Marruecos fue con la Embajada de Holanda. Cuando comencé a laborar allí, ocurrieron cosas extrañas con mi correo. Mi padre me mandó una postal con largo relato de sus viajes. “Qué bonito”, pensé, pero ¿cómo pudo llegarme esta tarjeta si no tiene mi dirección? Comencé a fijarme en los sobres que sí me llegaban, y noté que algunos habían vuelto a ser pegados con cinta adhesiva, después de haber sido abiertos. Aparentemente habían sido abiertos después de enviados. ¿Se trataba de un procedimiento del moqaddem, el funcionario del Ministerio del Interior responsable por recoger la información de lo que ocurría en el vecindario? Nunca lo supe, y realmente no me interesó demasiado.
Reputación peligrosa
Después de haber vivido en Rabat por algunas semanas, un vecino me preguntó preocupado si yo estaba en algún tipo de problemas. Dos policías de civil lo habían abordado para preguntarle quién me visitaba. Habían hablado con varios de mis vecinos y habían interrogado al cuidador de estacionamientos. Ahora, dándome una reputación peligrosa entre mis vecinos era algo bastante distinto que leer mis tarjetas de navidad y mis cuentas de teléfono, y ya no me gustaba en absoluto. Pero cuando les conté a mis vecinos que estaba comenzando a trabajar para la embajada, ellos entendieron inmediatamente por qué la policía estaba preguntando sobre mí. Y afortunadamente los funcionarios no volvieron (por lo menos que yo sepa). De esa manera fue como comencé a acostumbrarme a vivir en un Estado policial.
Alerta de seguridad
Después de un tiempo, “ellos” probablemente se tranquilizaron al leer las cosas que (no) mencionaba en mi correo, y mis cartas me empezaron a llegar en perfectas condiciones. Pero cuando comencé a trabajar como periodista, la lectura de mis mensajes no tardó en volver a empezar. El destino quiso que mi debut periodístico coincidiera con los brotes preliminares de la Primavera Árabe, una época en que las fuerzas de seguridad estaban en alerta roja. Gastaban más horas de trabajo en el Ministerio del Interior que en todos los otros ministerios sumados. Desde que comencé a trabajar como periodista, un conocido que trabaja en el Ministerio del Interior camina en otra dirección cuando me ve. Hay que imaginarse lo que le ocurriría si su jefe supiera que está hablando con una periodista extranjera.
Acallando críticas
Es una lástima que ya no hable conmigo, que mi correo electrónico se “pierda” por algunos días, y que mi conexión telefónica se interrumpa con bastante frecuencia, pero de todos modos no me puedo quejar. Lo peor que me podría ocurrir sería pasar algunas horas en una estación de policía o ser expulsada del país. Para periodistas marroquíes la historia es totalmente diferente. Rachid Nini fue dejado en libertad y anunció que se retiraría por el momento del periodismo. El haberlo mandado a prisión puede haberlo silenciado para siempre.