En los últimos días se ha generado una controversia en México por declaraciones de la comunicadora Carmen Aristegui en relación con el presidente mexicano Felipe Calderón. Las aguas parecen volver a su cauce.
El jueves 3 de febrero varios legisladores del Partido del Trabajo y del Partido de la Revolución Democrática, expandieron en la sala de plenos de la Cámara de Diputados mexicana, una manta con la fotografía del presidente de México Felipe Calderón, con los ojos rojos y entrecerrados. El texto al pie decía: “¿Tú dejarías a un borracho conducir tu auto? No, ¿verdad? ¿Y por qué lo dejas conducir el país?”.
[related-articles]En la sala se desataron los gritos, los empujones y los insultos entre los legisladores por lo que se suspendió la sesión. El hecho fue difundido en todos los noticieros, en todos los periódicos, revistas, redes sociales y televisoras comerciales.
Carmen Aristegui es una de las periodistas con mayor credibilidad y audiencia en el país. Tocar el tema en su noticiero transmitido por la estación de radio MVS, era ineludible. La nota se presentó con gran profesionalismo y pulcritud que terminó con la pregunta: “¿Tiene o no problemas de alcoholismo el Presidente de la República? Yo no tengo manera de corroborarlo pero, si fuera el caso, sería algo delicado que deberíamos saber. No hay nada de ofensivo en la interrogante, especialmente si trata de algo que, de existir, afectaría por su naturaleza la toma de decisiones que impactan en todo momento a millones de personas en el país”.
Despido injustificado
La empresa MVS dio a la periodista un carta de disculpa para que la leyera públicamente. Carmen Aristegui se negó. La empresa la despidió injustificadamente. La Presidencia de la República afirma que la carta de disculpa no fue redactada por ella.
De inmediato la enorme audiencia de Aristegui se movilizó utilizando todos los medios de comunicación habidos y por haber.
Carmen Aristegui leyó en conferencia una carta donde fija su posición. Una multitud de periodistas se atropellaron frente a la comunicadora, mientras la gente se aglomeró en la calle gritando consignas de apoyo a la valiente comunicadora.
“¡Carmen sí, borrachos no!”.
“¡Ética sí, etílica no!”.
“¡Alcoholímetro a Calderón!”.
“¡Respeto a la libertad de expresión!”, fueron algunas de las consignas.
La salud del presidente es asunto público
En su carta, Aristegui dijo cosas muy importantes: “El estado de salud y grado de equilibrio de un mandatario, por supuesto que es un asunto de claro interés público (…) El motivo de mi despedida, dijo, fue haberme negado a ofrecer una disculpa y transgredir el código de ética… Cosa que es falsa y se convirtió sólo en una coartada… En este momento no sólo no rectifico, ni me disculpo, porque no hay nada que disculpar, sino por el contrario ratifico la pertinencia de que la Presidencia de la República se manifieste al respecto”.
Con tono sereno y respetuoso, Aristegui planteó la pregunta: “¿Por qué en México los empresarios de los medios pueden ser sometidos a presiones indebidas para que silencien a sus comunicadores? ¿Por qué la sociedad mexicana se tiene que conformar con una sola visión de las cosas? ¿Por qué fatalmente tenemos que vivir con la existencia de un dúopolio televisivo que no sólo envilece las pantallas con programas denigrantes y nocivos como los de reciente estreno, sino que es ya en sí mismo un poder que ha dañado la vida democrática nacional?”.
“El país no está más para seguir perdiendo los espacios que hemos ganado”, agregó.
La multitud quería entrar a la sala donde ya no cabía ni un alfiler. Entre los apretujones, la presión rompió un ventanal.
La periodista más incómoda de México, continuó: “Sobre este ambiente de presión del gobierno hacia algunas empresas de comunicación actúa un fenómeno aún más grave que el antiguo control estatal sobre los medios. Se trata del debilitamiento del Estado y de sus instituciones por virtud de una supeditación política que parte desde el Presidente de la República, atraviesa las Cámaras del Congreso, amplias franjas del poder judicial, órganos reguladores a manos de nuevos poderes informales o fácticos que han logrado imponer su lógica de chantaje e intimidación –porque eso es lo que es- que los ha llevado a niveles de audacia y en un cálculo de poder, para sustituir –por lo menos parcialmente- a poderes de la República”.
La salida decorosa
Al final, Aristegui propuso a Joaquín Vargas, dueño de la empresa MVS, una salida decorosa para todos: “Estoy dispuesta a regresar al aire este próximo lunes siempre y cuando se cumpla una condición básica y única: Que MVS anuncie que retira de forma oficial el comunicado emitido junto con mi salida en el cual afirma falsamente que ‘transgredí, nuestro código de ética’ y que promoví la difusión de rumores como noticias”.
La periodista pidió: “Que se publique otro comunicado oficial de la empresa en donde la valoración sobre mi integridad ética, que pretendieron dejar en entredicho, quede resarcida. Mi estimado amigo Jorge Ramos, escribió hace algunos años un texto magnifico que tituló El derecho a preguntar y recordaba ahí a la maestra Oriana Falacci quien decía que no debía existir ninguna pregunta prohibida. Todo se puede preguntar, con mayor razón si se trata de preguntarle a gente con poder”.