Los Países Bajos han sufrido durante este 2011 un daño a la credibilidad de las instituciones más importantes. Cada vez son más los holandeses que se preguntan si los pilares de su sociedad son suficientemente sólidos.
La crisis del euro encabeza la lista que hace perder a los holandeses la fe en las instituciones. Por supuesto, el mayor daño ha sido para el propio euro y para las instituciones de la Unión Europea que controlan la moneda única. Pero también el sector financiero holandés, cuya reputación todavía no se ha restaurado del todo, se encuentra nuevamente bajo la lupa.
Serie de escándalos
Incluso antes de desencadenarse la crisis monetaria, la fe en otras instituciones de los Países Bajos ya se estaba erosionada. Algunas de ellas fueron afectadas por algún tipo de escándalo durante el último año (o por las secuelas de escándalos anteriores). Entre estas instituciones se encuentran el poder judicial, la monarquía, la comunidad científica, la educación superior y la Oficina de Análisis de Política Económica. Paul Schnabel, director del Instituto holandés de Investigación Social (Oficina de Planificación Social y Cultural), una agencia gubernamental que investiga los efectos de las políticas gubernamentales, resumió este domingo el balance actual de los programas.
También la Iglesia Católica, por supuesto, forma parte de esta lista. Según Schnabel, la iglesia es un buen ejemplo de por qué las instituciones holandesas se encuentran en el punto de mira.
Proteger las instituciones
No es que ahora se produzcan más escándalos que en generaciones anteriores. Los abusos sexuales a menores, por ejemplo, comenzaron en la década de los 50 del siglo pasado. Se trata más bien de cómo los ciudadanos ven estos escándalos, poniendo un mayor énfasis en las víctimas de los delitos, lo cual hace que tengan más resonancia hoy en día.
Además, no es tanto el mismo escándalo el que daña la credibilidad de una institución, sino su encubrimiento. En el caso de la Iglesia Católica, los líderes religiosos han estado tratando de proteger la institución durante años, poniendo sus intereses por encima del de las víctimas de los abusos.
Schnabel: “No se puede entender el escándalo si uno no se da cuenta de que se trababa de una sola cosa: la preservación de la institución y la preservación de la inviolabilidad de la iglesia como institución”.
En la elección de proteger a la institución antes que a las víctimas, la Iglesia no tuvo en cuenta la creciente importancia del individuo en la sociedad moderna. Como consecuencia de ello, la Iglesia se ha distanciado de sus propios feligreses, haciendo que los católicos se cuestionen la autoridad moral la institución.
[related-articles]Jueces en el punto de mira
El poder judicial ha sufrido este año de forma similar. En ello ha tenido mucho que ver la eliminación del primer panel de jueces en el proceso contra Geert Wilders. Ese juicio no fue una excepción: los desafíos a la imparcialidad de los jueces han ocurrido con más frecuencia, arriesgándose así a una falta de fe en el profesionalismo judicial.
El poder judicial ha sufrido un daño similar durante la primavera pasada cuando se reveló un posible caso de corrupción en uno de los distritos judiciales del país (el llamado caso Chipshol).
Paul Schnabel dice que escándalos de este tipo pueden tener un amplio impacto. La gente tiene que poder confiar en la imparcialidad de los jueces, los datos de las investigaciones científicas o los títulos universitarios. “En gran medida, las instituciones están basadas en la confianza”, dice Schnabel.
Año de cosecha
Es indudable que esta tendencia a cuestionar la credibilidad de importantes instituciones no ha surgido de repente en 2011. Pero este año es visto como crucial en relación a la confianza y la credibilidad de las instituciones.
La Casandra de nuestra época tendría que ser el vicepresidente saliente del Consejo de Estado, Herman Gjeenk Willink. Conocido como virrey del país, ya que es asesor principal de la reina, Tjeenk Willink ha estado advirtiendo durante años sobre la pérdida de credibilidad de las instituciones del Estado.
Precisamente, en corroboración con sus palabras, el nombramiento de su sustituto ha vuelto a ser motivo de controversia. El primer ministro ha sido acusado de nepotismo tras el nombramiento de su ministro del Interior, Piet Hein Donner, para ocupar el cargo. Así que ahora Donner asumirá un cargo que precisamente ha sido puesto en entredicho por el mismo proceso de su propio nombramiento.