“Tan pronto me cure los dedos, volveré”, dice el conocido caricaturista sirio Ali Ferzat, quien se vio forzado a dejar de dibujar después de ser torturado en agosto. Ferzat fue galardonado a principios de este mes con el Premio Sajarov para la libertad de expresión.
Ali Ferzat (1951), quien trabaja desde hace 30 años como caricaturista en Siria, ha recibido diferentes galardones a lo largo de su carrera, entre ellos el Premio holandés Principe Claus en 2003. Hasta principios de este año, una silla simbolizaba en sus caricaturas a los gobernantes. Sin embargo, desde el pasado abril, Ferzat caricaturiza al presidente y a otros dirigentes de manera reconocible.
“Los tiempos han cambiado”, dice Ferzat en conversación telefónica desde Kuwait. “Antes, la gente tenía tiempo en casa para pensar sobre los símbolos que utilizamos, pero desde que se han echado a las calles, tenemos que ser más directos”.
Un muro de miedo
“El miedo domina a la gente, también a mí”, continúa Ferzat. El año anterior decidió romper ese muro. “Yo fui la primera persona que dibujó al presidente, los servicios de seguridad y los ministros desde 1963”.
[related-articles]Ese coraje pudo ser fatal para su vida el pasado 25 de agosto. Como cada día, Ferzat salió de su oficina y subió a su vehículo. Por el camino, un automóvil con cristales opacos, que reconoció como fuerzas de seguridad, le bloqueó el paso. Los hombres que lo secuestraron y maltrataron se centraron principalmente en su rostro y en sus manos. Según cuenta Ferzat, los agentes portaban porras “como las que utiliza la policía”.
Finalmente, fue arrojado de un vehículo en marcha en la carretera que conduce al aeropuerto, a unos 15 kilómetros de Damasco. “Nadie se paró a recogerme, debido a lo horrible y ensangrentado de mi apariencia”. Ferzat consiguió regresar a la ciudad cuando un camión de trabajadores se detuvo para cambiar la rueda. En estos momentos, el caricaturista se repone en Kuwait de sus heridas.
Viejos conocidos
Ali Ferzat y Bashar al-Assad son viejos conocidos. El caricaturista trabajó en el pasado en diferentes medios de comunicación y conocía al presidente personalmente. “Antes de que Bashar al-Assad llegara al poder, mantenía discusiones con intelectuales y artistas. Podíamos plantear soluciones a los problemas que nos encontrábamos”.
Cuando recibió el poder, tras la muerte de su padre Hafez al-Assad, a Bashar se le llenaba la boca con las palabras libertad y modernización, afirma Ferzat. Animado por el propio presidente, el caricaturista comenzó en el año 2000 la revista independiente Al-Domari (el iluminador), considerada como la primera publicación independiente desde la llegada al poder del partido Baath.
Censura
Pero la alegría duró poco. “El mismo presidente que me había estimulado a abordar a la mafia económica del país, estuvo ausente cuando ésta me declaró la guerra”. Cuando, después de algunos meses, el régimen entendió que Al-Domari no cesaba las críticas, la censura se fue agravando.
“A veces publicábamos páginas en blanco en lugar de los artículos censurados”, cuenta Ferzat, añadiendo con cierta ironía que “los artículos en blanco se vendían mejor que los ejemplares impresos”. El régimen se hizo cargo del sistema de distribución “de tal manera que tenía la libertad de no publicar la revista”. Pasados dos años, Al-Domari cerró.
Ferzat está convencido que los insurrectos sirios vencerán al sistema establecido: “la respuesta de represión y seguridad elegida por el régimen, ha fracasado. Ahora la gente se lanza a pecho descubierto contra las armas mortales”
Vuelta a Siria
Ferzat ya ha comenzado a ejercitar sus dedos. Tan pronto como éstos estén curados, volverá a Siria. “No hay elección. No tengo un supermercado que pueda abrir o cerrar a mi antojo. Dibujar es mi única profesión. El arte es un regalo de Dios y yo tengo que seguir trasmitiendo mi mensaje”.