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9 January, 2012 - 16:20

Hungría: Autocracia en Europa

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"Aquí se está organizando una dictadura”, clama la oposición en Hungría. El primer ministro Victor Orbán, sueña con un Orbanistán, un país gobernado con severidad para “buenos húngaros”. El que tenga o no razón, lo decide el primer ministro. Entretanto Bruselas no sabe qué hacer con la “Autocracia 2.0” en el centro de Europa.
Más de veinte años después de la caída del comunismo “vivimos nuevamente en una sociedad de opresión y conflicto”, reza el grito de socorro del importante escritor húngaro György Konrád. El día de año nuevo Konrád escribió una carta a un amigo en el que pide ayuda a Europa. “Nuestro país se está despeñando hacia una dictadura”.
En 2011, la nueva ley de medios de primer ministro Viktor Orbán causó gran inquietud. La ley hacía posible amordazar posibles comentarios adversos de prensa. Orbán fue llamado a responder por Bruselas, se corrigieron algunos detalles del texto y con ello el problema pareció terminar. Europa tuvo suficiente de qué ocuparse con la crisis crediticia como para preocuparse de Hungría.
“Quitar el derecho a voto”
“Lo que Orbán quiere en realidad es llevar a cabo una purga cultural”, me advirtieron el año pasado en Budapest periodistas y artistas. Un año después, sus temores se han hecho realidad. La semana pasada, Orbán presento una nueva Constitución que limita la independencia de la Justicia, del Banco Central y de las instancias contraloras. Y nuevamente Europa está en estado de alerta. “De ser necesario le quitaremos el derecho a voto a Hungría en la Unión Europea”, abogan los liberales en el Parlamento Europeo.
[related-articles]El Fondo Monetario Internacional y la Unión Europea, que negocian con Hungría un préstamo para ayudar al país a salir de la crisis, han cerrado sus puertas herméticamente. “Primero modifiquen la Constitución”, reza el mensaje de Bruselas. El curso de la moneda húngara ha bajado de forma dramática, los préstamos estatales ha adquirido el “junk status” (“estatus de basura”), millones de húngaros temen por su futuro, pero el primer ministro Orbán sigue tozudamente creyendo en sí mismo. “El coraje no es una forma de carácter, sino una manera de vivir”, es su lema.
No ajustar cuentas con el pasado
Lo que vemos que ocurre en Hungría es la consecuencia de dos décadas de mentiras, fraudes y desidia. Nunca en Hungría se ajustó cuentas con el pasado comunista. Los antiguos comunistas se volvieron socialistas y abusaron del poder con los métodos usuales: manipulación, corrupción y nepotismo. También cuando el país se transformó en miembro de la Unión Europea en 2004, las reformas brillaron por su ausencia.
En 2010 Orbán aprovechó su oportunidad. Los electores le concedieron a su partido dos tercios de la mayoría en el Parlamento y, con eso, Orbán pudo construir de facto un estado unipartidista, tolerado por el partido extremista de derecha Jobbik, tristemente célebre por sus campañas de odio contra judíos y gitanos.
Buenos húngaros
La gran revancha ha comenzado. Orbán quiere vengarse de los socialista y de los húngaros cosmopolitas de las grandes ciudades que han transformado al país en un vasallo de Europa. Ha llegado por fin el momento, dice Orbán, de devolverle su país a los “buenos Húngaros”. Y quiénes son los “buenos”, lo decide exclusivamente Orbán.
Directores de teatro de vanguardia han sido reemplazados por gerentes que tienen como misión reeditar los tradicionales relatos del heroísmo húngaro. Jueces independientes deben dejar su lugar a jueces leales a Orbán. La radio pública colabora temerosamente en la autocensura. Y en la escuela de fútbol que fundó Orbán, los jóvenes talentos no solamente reciben entrenamiento técnico sino también se les enseña a comportarse como “verdaderos húngaros”. Los húngaros que bailan danzas folclóricas, van a la iglesia, disfrutan del campo y fabrican sus propios embutidos y el vino tradicional palinka.
“Perdón, Europa”
La oposición contra Orbán crece. Decenas de miles de personas se manifestaron el 2 de enero contra una nueva Constitución. “Oye, Europa, perdón por mi primer ministro”, era uno de los textos de las pancartas. Para seguir negociando una ayuda de emergencia a Hungría, la UE y el FMI necesitan otro interlocutor distinto a Orbán. En Grecia y en Italia, dos primeros ministros cayeron por las mismas razones.
Pero en el caso de Hungría no hay nadie que se sitúe por encima de la discusión entre lo bueno y lo malo que traumatiza al país. Veinte o treinta o cien mil millones de euros en ayuda de emergencia no cambian nada al respecto.