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12 May, 2009 - 10:34

España con el Bicentenario de Iberoamérica

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La Casa de América acogió ayer en Madrid lo que supone el primer acto del gobierno español para la Conmemoración de los Bicentenarios de las Independencias de las Repúblicas Iberoamericanas. Numerosas personalidades de la vida pública española y latinoamericana estuvieron presentes en la conferencia inaugural.

La visión es amplia. El marco en el que comienzan las primeras actividades que celebran el 200 aniversario de la Independencia de Iberoamérica es complejo y más global que nunca. La crisis a nivel mundial y otras cuestiones de diversa índole, marcan hoy el ritmo de lo que supone una buena oportunidad para integrar en la diversidad, para propiciar un nuevo diálogo que de respuestas a los países latinoamericanos. Y España no quiere perder esta ocasión para acercarse un poco más a la realidad iberoamericana.

"España es un país que no se puede entender sin Iberoamérica", decía José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno, durante su intervención. Acompañado por el Rey Juan Carlos I, los Príncipes de Asturias, ministros y otros miembros del gobierno, ha insistido en el impulso que se puede dar a las relaciones entre España y América Latina y dejar claro su papel en estas efemérides, que comienzan el 25 de mayo en Bolivia, más tarde Ecuador y que proseguirán en 2010 en México, Argentina, Venezuela, Colombia y Chile.

[related-articles]Estas celebraciones pueden convertirse en plataforma y excusa para reflexiones profundas, para recuperar lo que nos une y suavizar lo que nos separa. Intelectuales, políticos, gentes de las artes y las ciencias, del cine y la música tienen un denominador común en Iberoamérica. Porque no se trata de reavivar el debate, la polémica, sino de transformar esa memoria colectiva en algo positivo y único.

Oportunidad de Cooperación
La participación de España en los actos del bicentenario, que parece presentar un alto grado de compromiso, se sustenta en el intento de vencer las distancias y las dificultades que muchas veces han marcado las relaciones a ambos lados del Atlántico. Porque es inevitable pensar en todas las cosas que existen en común. Sólo teniendo en cuenta que hablamos la misma lengua, los caminos de la comunicación se hacen más cómodos y transitables. En el diálogo y en la cooperación se encuentra ese nexo difícil de romper.

Por eso desde España, uno de los máximos representantes para los actos y actividades del Bicentenario, que se sucederán durante varios años, es el ex - Presidente del Gobierno español, Felipe González. Nombrado Embajador Plenipotenciario y Extraordinario para la Conmemoración del Bicentenario de la Independencia de las Repúblicas Iberoamericanas, será el encargado de todos los actos y actividades que servirán para ofrecer un punto de apoyo a los países de América Latina y Caribe que celebran su independencia. Así retrataba ayer en Casa de América su punto de vista sobre las reflexiones que se deben encarar en éste periodo: "La Historia es una mochila que se lleva en la espalda permanentemente, está detrás y condiciona el presente, pero no se puede mirar a ella permanentemente como un retrovisor".

Por otra parte, el apoyo de España, su participación activa, se subraya además como nueva puerta de entendimiento entre Europa y Latinoamérica: hay que tener en cuenta que España tendrá la presidencia de la UE en la primera mitad de 2010 y que ya ha manifestado su intención de realizar un nuevo impulso de las relaciones.

Desafíos para compartir
Los desafíos para compartir, los retos que se presentan hoy, son fruto de un largo camino hacia la libertad y la democracia que ha durado 200 años. Es importante asumir las contradicciones y promover la integración y el diálogo frente a los obstáculos: la diversidad de Iberoamérica es una realidad, pero en el mundo globalizado es posible servirse de determinadas herramientas que marcan un punto de encuentro. Algunos temen que durante estas conmemoraciones prime el valor historicista por encima del intento para superar los retos que aún están por venir. Sin embargo, es necesario adaptar la visión del pasado, del presente y del futuro hacia metas mucho más altas como la justicia, la integración, la igualdad y la democracia.

Frente al comienzo de las celebraciones del bicentenario cabe hacerse ciertas preguntas... ¿Será éste bicentenario una oportunidad repensar una identidad común? ¿Será la cultura el camino y solución para cuestiones a las que la política, la economía o la religión no han sabido dar respuesta? ¿Se consolidará una generación iberoamericana con un alto compromiso por afrontar retos reales en el futuro? Parece que las intenciones, de momento, apuntan hacia el intento de consolidar un proceso de auto-definición.