Caminamos hacia el Bicentenario de las Independencias en América Latina. Y cada vez está más cerca el momento de las celebraciones. De hecho, está previsto que en 2009 comiencen las primeras efemérides en Bolivia y Ecuador, a las que seguirán las de otros países. No culminarán hasta 2021, con las previstas en Centroamérica.
El 20 de julio de 2010 le toca el turno a Bogotá. En el Festival VivAmérica, celebrado recientemente en Madrid, se presentó el programa de las celebraciones en la capital colombiana, así como el balance de las relaciones culturales, políticas y económicas al cabo de los dos últimos siglos.
Una de las voces autorizadas para abordar este tema es el escritor y poeta colombiano William Ospina, quien preside la comisión organizadora en Colombia. Voces ha hablado con él sobre los 200 años que han transcurrido desde las primeras independencias, y sobre la forma de mirar hacia el futuro con todo el bagaje que eso supone. Por eso, el Bicentenario se convierte en estos tiempos en una plataforma y en una excusa para reflexiones más profundas: "Para nosotros es muy importante hacer una revisión de la memoria histórica, pensar lo que ocurrió hace 200 años y lo que ha ocurrido en este tiempo de vida independiente", asegura el escritor, "pero también mirar los desafíos del presente".
Reflexiones
William Ospina, que concibe esta celebración como un balance en cuanto a realizaciones en el campo de la libertad y de la democracia en América Latina. compartió con el programa 'Voces' su punto de vista sobre los grandes desafíos que vienen con el aniversario y que son comunes a todos los países iberoamericanos: "Hay un gran desafío de integración que requiere mucha imaginación. Durante 200 años hemos vivido los obstáculos y dificultades en esa tarea de construcción de una sociedad integrada", afirma el intelectual. "El continente latinoamericano es muy diverso humanamente, culturalmente, por su misma naturaleza que parece conspirar para aislarlo... sin embargo, pienso que algo sí se puede lograr con los avances de la modernidad".
El escritor se plantea en este sentido si la cultura es ese elemento unificador que puede dar soluciones a grandes problemas que ni la política ni la economía han sabido resolver. "La gran limitación de la política es que siempre intenta poner paños de agua tibia a la realidad presente. Para crear las condiciones de un mundo distinto, nada como la cultura", explica Ospina.
William Ospina
Nacido en 1954, Ospina es, posiblemente, el poeta y ensayista más importante de su generación en Colombia. Además, hace años que realiza una labor periodística relevante, con gran repercusión entre la opinión pública de su país. Firme defensor de la paz en Colombia, Ospina no tiene miedo a decir lo que piensa sobre la guerrilla o sobre el presidente Álvaro Uribe.
Entre sus libros de ensayos, destacan 'Las auroras de sangre' (1999) y 'Los nuevos centros de la esfera' (2001). Su trayectoria poética fue reconocida en 1992 con el Premio Nacional de Poesía de Colombia por el libro 'El país del viento'. Recientemente se ha lanzado al mundo de la novela con "Urzúa", que ha recibido los elogios del propio García Márquez.
Hoy es, además, coordinador cultural de los actos del Bicentenario en Latinoamérica. Según ha trascendido, fue el alcalde bogotano Samuel Moreno quien solicitó que el reconocido intelectual se hiciera cargo de las celebraciones del grito de independencia, en una fecha en que países como Argentina, Chile, México y Venezuela, también rememoran su propia soberanía.
El Bicentenario como una oportunidad
Según William Ospina, el aniversario de las independencias va a suponer una respuesta para el pasado, el presente y el futuro. Toda su labor como organizador se orienta a posibilitar que se valore lo conseguido, y se divulgue y comparta con la comunidad nacional e internacional.
Sin embargo, muchos temen que el factor historicista del Bicentenario pueda enturbiar esa visión de futuro que se pretende promocionar. "La lectura del pasado se hace desde las preguntas del presente. Pero es necesario revisar la historia, porque hay un gran desconocimiento sobre lo que ha pasado y esa memoria colectiva y compartida es muy grave perderla, es como una enfermedad", comenta Ospina.
Y es que para conseguir un grado óptimo de cohesión en una sociedad, todos deben sentir que forman parte de ella, identificarse con todas aquellas cosas que tenemos en común. Nuestras voces, nuestros pueblos, nuestra cultura. Pero todo esto, que con los actos del bicentenario se puede convertir en una oportunidad real de acercar a todos los países latinoamericanos, requiere un proceso complicado. Sólo cabe esperar que no hagan falta otros 200 años para alcanzar la unión dentro de la riqueza de la diversidad.