Bolivia comienza una nueva semana de conflictos sociales. Ya parece un estilo de vida al que los ciudadanos se van acostumbrando. No en vano el pasado 2011 se contabilizó más de 1.300 conflictos, es decir, casi cuatro por día. De enero a abril se mantiene una tendencia parecida.
Unos 1.700 médicos, paramédicos y universitarios cumplen la cuarta semana de ayunos en todo el país para lograr su incorporación al régimen de la ley General de Trabajo y una solución estructural a la grave crisis de salud pública; los maestros continúan en huelga de hambre seca por la nivelación de sus salarios; un grupo de víctimas de la dictadura mantiene sus protestas callejeras en La Paz para conseguir un resarcimiento económico; esta ciudad se queda de nuevo sin servicio de transporte público pues los chóferes rechazan una ley municipal que intenta ordenar el caos existente.
En Cochabamba son las asociaciones de taxis las que protestan por restricciones a la libre circulación por el centro de la ciudad que acaba de establecer el alcalde.
El miércoles comienza la novena marcha indígena del Isiboro Sécure contra la construcción de la carretera que partirá en dos su territorio, un parque nacional considerado como una de las más importantes reservas de biodiversidad, productora de oxígeno y agua dulce.
No es todo. Los ánimos beligerantes persisten aún entre comunidades enfrentadas por cuestión de límites fronterizos entre Potosí y Oruro, recursos petroleros en el caso de Tarija y Chuquisaca; avasallamiento de tierras en varios municipios de Cochabamba, y el cierre de carreteras internacionales, por mencionar algunos.
Razones para el conflicto
A estas alturas, uno se preguntará, a que se debe tanta protesta y reclamo social en Bolivia, cuyo gobierno ha asumido el poder político con el mayor apoyo ciudadano en todo el periodo democrático de los últimos 30 anos. Esa pregunta se la trasladé a la politóloga y profesora universitaria María Teresa Zegada.
“Por una parte parece un contrasentido que un gobierno que proviene del pueblo, un gobierno que se autodenomina de los movimientos sociales, tenga un escenario de tanta conflictividad social en el país. Parece un contrasentido porque se supone este gobierno se debe a estos movimientos y ellos le deben una lealtad política.”
Sin embargo, lo que explica en gran medida esta situación es justamente esa naturaleza, la naturaleza, en cierto modo, corporativa que ha adoptado este gobierno y ha llegado un momento en que los sectores sociales que se sienten parte de este proceso de pronto comienzan a demandar sus derechos, el derecho de haber apoyado al gobierno y, pedirle a cambio que el gobierno satisfaga sus necesidades.
[related-articles]La profesora Zegada agrega: “Pienso que lo que vivimos en Bolivia a partir del 2010 es una aceleración de grandes necesidades sociales que se traducen en conflictividad y que están agravadas por una muy mala administración de los conflictos en Bolivia. El gobierno lo que hace normalmente es negociar con los sectores, postergar los conflictos pero estos reaparecen con los mismos sentidos y las mismas demandas meses después y se produce una acumulación de conflictos”.
¿Pueden estos conflictos comprometer la gobernabilidad y la estabilidad de la administración del presidente Evo Morales?
“Por ahora, tenemos un mar de conflictos sociales en el país pero no se está cuestionando la gestión política del Gobierno. Sin embargo, esta acumulación de conflictos puede conducir a un periodo de inestabilidad política del gobierno y a una dificultad en la resolución de estos problemas”
En dos días más viene la novena marcha de los indígenas del Territorio del Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), caminata que aparentemente implica mucho más que el rechazo a una carretera. Pero, esa es otra historia.