En las repisas de la historia moderna de América Latina se encuentra una larga colección de testamentos de caudillos y dictadores de la Gran Patria. El de Augusto Pinochet es uno de ellos.
Hay testamentos abiertos; otros son cerrados; los hay ológrafos y los hay especiales. En el caso de la historia moderna de América Latina, la que se escribe a partir de sus caudillos, sátrapas y dictadores, los testamentos que éstos dejaron a sus herederos constituyen una pieza esencial para entender la naturaleza de sus fortunas personales, o la forma en que se apropiaron de bienes públicos y utilizaron las estructuras del Estado para enriquecerse.
Es el caso de Anastasio Somoza Debayle, en Nicaragua; el de García Meza, en Bolivia; el de Getulio Vargas, en Brasil; el de Alfredo Stroessner, en Paraguay; o el de Trujillo Molina en República Dominicana, por citar unos pocos. Ejemplos de cómo la riqueza de la Gran Patria terminó en cuentas secretas y cajas fuertes de los “padres de la nación”.
Fincas y casas, edificios y apartamientos, acciones e inversiones, depósitos millonarios, cuentas secretas, sociedades anónimas, evasión de impuestos, autos…el resultado del sacrificio “por gobernar” y “dirigir” los destinos del país.
Casual no es, entonces, la expectativa mediática y la colmena de periodistas que se congregaron ante la noticia de que el testamento del ex dictador chileno Augusto Pinochet sería abierto por orden judicial.
Origen modesto
“Lo que impresiona es que este señor, cuando se toma el gobierno, no tenía nada. Tal vez una casa modesta propia de un general. ¡Y llega a juntar 26 millones de dólares! Y suponiendo uno que se ha dedicado a gobernar todo ese tiempo y no a hacer negocios. 26 millones que no le hayan significado tiempo de trabajo ni capital previo para llegar a esta fortuna”, explica Roberto Garretón, abogado chileno especializado en derechos humanos y asesor de Naciones Unidas.
“Es el signo de todos los dictadores latinoamericanos y africanos. Ellos se toman el poder en nombre de la patria y finalmente lo que hacen es robar, matando. Es el origen de estas fortunas”, sostiene Garretón.
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Más de cinco años después de su muerte, el ex dictador chileno volvía a ser noticia, pero efímera.
El testamento abierto por orden judicial solamente contenía una modificación respecto al albacea de los bienes. Quiere decir que el testamento del dictador es aquel que dejó preparado en 2002, no el que modificó en 2005, un año antes de su fallecimiento.
La modificación que introdujo Pinochet en 2005 sucedió cuando ya se encontraba en curso una investigación judicial para determinar el origen de su fortuna oculta en el Riggs Bank de Washington y otros bancos extranjeros. Por esta causa es que se llegó abrir el testamento; y por esta causa es que se ordenará abrir el documento original.
Destapar el testamento es fundamental para asegurar el pago de eventuales indemnizaciones por procesos judiciales aún en curso y de impuestos adeudados, que son también de responsabilidad de los herederos de Pinochet.
“Persecución política”
Fue en 2004 cuando la Justicia chilena inició una investigación judicial para determinar el origen de la fortuna de Pinochet, estimada en unos 26 millones de dólares. En el marco de esta investigación, la viuda y los cinco hijos de Pinochet fueron detenidos bajo el cargo de ‘malversación de caudales públicos’, aunque luego la Corte Suprema los sobreseyó a todos. Su ex albacea Oscar Aitken sigue procesado.
La familia del ex dictador dice que los bienes fueron obtenidos de forma lícita, a partir de ahorros en inversiones. Los hijos del dictador hablan de una “persecución política” en su contra. Es una respuesta, estamos en lo cierto, que se asoma con mucha frecuencia en los anaqueles de la historia moderna latinoamericana.
Pero determinar el origen de estas fortunas, su configuración, su reparto, arrojaría mucha luz sobre la noche oscura de corrupción y silencio que operó en el continente durante los años dictatoriales. Valga la aclaración: esa noche de corrupción y silencio se extiende como una larga sombra en los años de la democracia. Tal vez sean más los demócratas que han robado, que los dictadores que han desfalcado.