La expropiación de empresas por parte de gobiernos latinoamericanos parece marcar el inicio de un proceso en el que se quieren revertir los efectos de las privatizaciones en el pasado, opina José Antonio Sanahuja, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid y experto en geopolítica.
Al referirse al tema, los medios de prensa de España y América dan versiones diferentes de los hechos. “La inversión española en América Latina sufrió un nuevo golpe”, rezan los titulares ibéricos. “Escasos aportes de la empresa RED de España a Bolivia”, se escribe en los diarios del sur americano. “Son lecturas con un marcado contenido nacionalista”, afirma Sanahuja. “Se tiende a identificar los activos de la empresa con los intereses nacionales.”
En este proceso podrían distinguirse dos componentes: la lectura que está haciendo América Latina del particular momento de debilidad que vive España, y la forma en que el Gobierno español ha reaccionado a la primera de estas expropiaciones. También hay que recordar que muchas de las privatizaciones en las que participaron empresas con capital español, se hicieron en condiciones que ahora los gobiernos latinoamericanos quieren revertir.
[related-articles]Errores
Según Sanahuja, son varios los errores cometidos por el Gobierno español al reaccionar ante la expropiación de Repsol-YPF en Argentina. El primero de ellos, fue identificar la posición de un gobierno con la de una empresa privada. Los intereses nacionales son muchos más amplios: la relación entre Argentina y España es de múltiples registros, y no debería reducírsela a los incidentes con Repsol, como se ha hecho.
El segundo error del Gobierno español ha sido plantear medidas de represalia que de antemano se sabe que no se podrían cumplir. El margen de maniobra del Gobierno español ante la nacionalización de YPF era muy limitado. En un mundo globalizado, las medidas que puedan tomarse podrán causar daños a Argentina, pero también serán nocivas para España. Además, Sanahuja considera que antes de tomar medidas contundentes, se debe tener en cuenta que hay otras empresas españolas activas en Argentina, y que un posible efecto acción-reacción terminaría perjudicando a estas empresas.
El tercer error cometido ha sido vincular la relación con Argentina y lo ocurrido con YPF al conjunto de las relaciones de España y la Unión Europea con América Latina. Los esfuerzos del ministro español de Relaciones Exteriores por encontrar apoyo tanto en la Unión Europea como en América Latina han encontrado solamente respuestas muy tímidas. Sí ha recibido apoyo claro de México, y por razones obvias: la petrolera estatal mexicana Pemex es accionista de Repsol.
Política doméstica
La sobrerreacción del Gobierno español puede entenderse en parte considerando la política doméstica, ya que el Gobierno de Rajoy ha perdido mucho apoyo en los pocos meses de gobierno, y utilizaron este incidente con Repsol para satisfacer el descontento de la opinión pública. Según Sanahuja, se tendría que haber respondido como se debe en cuestiones de política exterior: con discreción y prudencia. Más razonable por parte del Gobierno español habría sido brindar un apoyo discreto a la gestión de Repsol ante el órgano facultado para lidiar con estas situaciones, el Tribunal Internacional CIADI, reconocido tanto por las autoridades españolas como por las argentinas.
Esta sobrerreacción del Gobierno español ha dado a su vez alas, en el caso de Argentina, a los impulsos nacionalistas y de política doméstica con que también se ha tomado la decisión sobre Repsol-YPF. Y un paralelismo puede trazarse con la realidad boliviana, que está siendo escena de conflictos sociales. Una nacionalización como la de Bolivia, realizada el simbólico 1 de mayo, busca también un impacto mediático.
El experto en geopolítica concluye que si en el análisis de esta situación no se incorpora la dimensión de política doméstica, se alcanzarán conclusiones definitivamente incompletas.