Para indignación del Gobierno y la jefatura militar de Colombia, las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia condicionan la liberación del periodista francés Romeo Langlois a la organización de un debate sobre libertad de prensa.
Kees Elenbaas
Con su demanda, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) contradicen promesas hechas el pasado febrero, en las que anunciaron su voluntad de poner fin a los secuestros. Poco tiempo después, el movimiento insurgente dejó en libertad a los diez últimos uniformados que aún obraban en su poder. El hecho, que fue recibido con sorpresa, era además una voz de esperanza, pues se vislumbraba la posibilidad de que se entablaran negociaciones con el Gobierno.
Sin embargo, ahora que, por casualidad, tienen en su poder a un periodista de categoría internacional, las FARC tratan de explotarlo para ganar publicidad.
El pasado 28 de abril, el reportero colombo-francés Romeo Langlois fue apresado por las FARC cuando acompañaba una unidad militar en el departamento del Caquetá durante un operativo en el que se destruyó una fábrica de producción de cocaína. Inmediatamente después, los militares cayeron en una emboscada que les fue tendida por una unidad fuertemente armada de los insurgentes. Según testigos, para su protección el periodista vestía un chaleco antibalas y un casco. Tras ser herido, Langlois se despojó tanto del chaleco como del casco, y cuando buscaba refugio, cayó en manos de los guerrilleros.
Prendas militares
En una grabación de video hecha el pasado 5 de mayo por el periodista británico Karl Penhaul, quien aparentemente tiene fácil acceso a la región controlada por las FARC, el comandante ‘Ancízar’, o ‘Monazo’, declara tener en su poder al informador, quien, siempre según el líder guerrillero, aunque está herido se encuentra en buen estado. Al mismo tiempo, Ancízar expresó su esperanza de la pronta liberación del periodista.
[related-articles]Sin embargo, a partir de ese momento, las FARC se refieren a su cautivo como ‘prisionero de guerra’, pues al momento de su captura vestiría prendas militares. Por su parte, la jefatura militar colombiana acusa a la guerrilla de vestir de civiles durante el ataque, lo cual sería incompatible con las normas internacionales relativas a conflictos armados.
De estas versiones contradictorias, así como de numerosos incidentes previos, se puede concluir que la objetividad de la información y la independencia periodística en Colombia dejan muchísimo que desear. Tanto el Gobierno como el Ejército colombiano, por una parte, y la guerrilla de las FARC, por la otra, no sólo están involucrados en un conflicto armado, sino también en una guerra propagandística.
Los guerrilleros reprochan a las autoridades colombianas de hacer todo lo que está a su alcance para lograr que los medios se pongan de su lado. Y, efectivamente, los principales diarios del país acostumbran a informar ampliamente sobre los operativos militares, y a condenar las operaciones guerrilleras. Además, la página web de las FARC se ha desactivado, así como el sitio escandinavo aancol.info, que solía fungir como vocero de los insurgentes.
Nexos con las FARC
Al mismo tiempo, un considerable número de periodistas mantiene buenos contactos con las FARC, acompaña con frecuencia a unidades rebeldes, permanece en sus campamentos, y regresa con material fílmico y reportajes en los que se intenta demostrar que el movimiento guerrillero posee fuerza sobre todo en las regiones rurales, donde goza de gran acogida. Además, la guerrilla ejercería un gran atractivo entre la juventud, y aún lograría reclutar simpatizantes entre estudiantes universitarios de todo el país.
Durante un encuentro sobre la libertad de prensa y periodismo bélico, celebrado en la bogotana Universidad de los Andes, se llegó a la conclusión de que existe un profundo abismo entre el campo y las grandes ciudades. En las zonas rurales arde una sangrienta lucha que no es visible para los citadinos, y los medios no logran concederle la atención adecuada y necesaria.
En términos similares se expresa al respecto el reportero italiano Simone Bruno, un buen amigo de Langlois. Ambos han realizado una serie de impresionantes reportajes sobre la población rural, quien es víctima de los combates entre el Ejército y las FARC y otros grupos armados.
Por tanto, resulta absurdo que un periodista que justamente ha arriesgado su vida para mostrar esta realidad, sea ahora retenido por uno de los combatientes.