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22 May, 2012 - 10:30

Bromas: la fina línea entre el humor y el insulto

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Política, sexo y religión. Son en todo el mundo los ingredientes favoritos de las sátiras, los chistes y las caricaturas. Pero cuidado: en muchos lugares, incluso en círculos privados, se debe ser cauteloso. ¡Ay de aquél que vulnere los códigos no escritos, pero ampliamente aceptados!

Principalmente a los líderes políticos poseedores de un gran ego no les gusta nada ser la figura central de una caricatura. El “poder” en África es sagrado, incluso con la paulatina desaparición del culto a la personalidad, afirma el caricaturista de Burkina Faso, Damien Glez. Le sigue resultando difícil dibujar al ex presidente Togo, Gnassingbé Eyadéma, incluso aunque ya haga tiempo que no ocupa ese cargo. “Aunque esto no tenga nada que ver con el sentido el humor de los togoleses mismos.”

Políticamente correcto

¿Existen límites para las bromas? ¿Chistes absolutamente prohibidos? En la política sigue siendo una cuestión candente, al igual que la etnicidad y el sexo.
En Holanda, el tabú que pende sobre temas políticos sensibles parece perder fuerza. Luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el asesinato del político Pim Fortuyn (2002), y del cineasta Theo van Gogh (2004), los humoristas reconocieron abiertamente estar midiendo las palabras.

Las bromas sobre el Islam y el origen étnico ya no eran posibles. Que participantes en conferencias al final se quejaran indignados, era más una regla que una excepción. Los columnistas de diarios e Internet estaban preparados para los inevitables correos de odio y reacciones furibundas. “Nos dimos cuenta más que antes del poder de la palabra”, afirma Melle van den Berg, redactor de la revista satírica en línea De Speld. Aunque las reacciones agresivas continúan, la situación está más tranquila que hace una década. “En ese entonces, entre los humoristas y columnistas regía la autocorrección.”

Irritaciones diarias
En China no es aconsejable hacer chistes diciendo explícitamente de quién se trata. Una parodia ligera, donde se reconoce a un político, sin mencionar su nombre, es a duras penas aceptada. Pero ridiculizar a las líderes políticos, algo tan popular en Occidente, es en China impensable.
[related-articles]Hacer bromas sobre abusos o incidentes cotidianos sí se puede, pero solo si el tema ya está en la boca de la gente. Pero en los podios, aún no se hacen bromas sobre el escándalo de corrupción de Bo Xilai, el recientemente destituido dirigente comunista.
El cómico Zhou Libo de Shanghai se burla sin mayores problemas de las cosas y hechos que diariamente irritan a los ciudadanos. Que principalmente utilice la lengua local es un factor determinante. La mayoría de los chinos no entiende sus bromas. Gracias a YouTube, Libo está ganando cada vez más popularidad.

Conocer al público
“Saber quién es el público ayuda”, opina el caricaturista keniano Gado. En Kenia, la sexualidad es un tema delicado, y aún más la homosexualidad, al igual que la religión. “A veces, se busca el límite de lo admisible para poder poner un tema sobre la mesa. Y en ese proceso, los límites de la tradición y la cultura surgen por sí solos. Pero si conozco a mi público, sé qué puedo decir y qué no.”

Aún así, siempre se presentan sorpresas. En 2005, antes de la polémica sobre el caricaturista danés, Gado dibujó una mujer terrorista suicida, quien le pregunta a un jeque cuántos vírgenes recibiría si tenía éxito en su misión. El caricaturista fue bombardeado de quejas, y el periódico tuvo que ofrecer disculpas. “Jamás me lo había esperado. Simplemente me preguntaba lo que ella recibiría, porque los terroristas suicidas masculinos tiene la perspectiva de recibir jóvenes vírgenes en el más allá.”

La redactora Melle van den Berg establece una clara diferencia entre abrir nuevas perspectivas y el humor gratuito. “El humor que sólo pretende choquear, buscar un efecto, no es para nada mi estilo. Me gusta la sutilidad, aunque sí busco los límites. Y si el público lo acepta, voy un paso más lejos.” Por eso no habla de los límites de una broma. “Se trata del arte de poder ampliar las fronteras del medio de comunicación utilizado.”
“Es mucho lo que rechazamos”, dice Van den Berg sobre la enorme cantidad de columnas y artículos sobre el Islam y las minorías que De Speld recibe a diario. “Una historia tiene que referirse a lo que ocurre en la sociedad. No es mucho lo que se logra con herir por el simple hecho de herir.”