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8 June, 2012 - 15:44

La verdad de la diplomacia holandesa

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Holanda cerró cinco embajadas en África, pero abrió una en Sudán del Sur. El secretario de Estado en funciones, Ben Knapen, fue el encargado de inaugurarla el pasado jueves. El corresponsal de Radio Nederland, Koert Lindijer, cuestionó esta elección. ¿Ha tenido algo que ver el líder del Partido de la Libertad, Geert Wilders, en esta decisión?
Lo admito, viajar con un secretario de Estado al extranjero no es la tarea más emocionante para un periodista. La implicación de Holanda en África ha decrecido en los últimos años. Donde anteriormente el ministro holandés de Cooperación y Desarrollo, Jan Pronk, usaba su influencia para involucrarse en las conversaciones de paz en Sudán del Sur, el compromiso holandés se limita ahora a puras tareas de desarrollo: construcción de pozos, proyectos agrícolas, ayuda al establecimiento de programas para Justicia y entrenamiento de la policía. “Prioridades de la nueva política”, como el secretario en funciones de Cooperación y Desarrollo subrayó durante su visita a Sudán del Sur.
Pero eso ya lo sabíamos los periodistas que participamos en el viaje; y lo que queremos es traer nuevas noticias. Así que me concentré en la inauguración de la embajada holandesa en Juba. Ésta se abrió hace 11 meses, aunque no fue hasta este jueves que lo hizo de forma oficial. ¿Hay quizás en ello alguna noticia de interés para el público holandés? Porque tiene que ver con el líder del Partido de la Libertad, Geert Wilders.
Anti Islamismo
El gobierno holandés ha cerrado recientemente diez embajadas en todo el mundo (cinco de ellas en África), entre otras en Camerún, país económicamente importante. ¿Por qué entonces abrir una precisamente en Sudán del Sur? Desde hace ya tiempo, vengo oyendo en los círculos diplomáticos holandeses que el establecimiento de esta embajada era parte del acuerdo con el Partido de la Libertad, que apoyó a la coalición de gobierno. Un vistazo simplificado al conflicto sudanés nos muestra a un sur cristiano, que se independiza de un -no siempre amigable- estado musulmán del norte. ¿Anti Islam, entonces? No puede ser, porque a pesar de que la coalición de gobierno holandesa ha vuelto a caer, el secretario en funciones no quiere admitir que Wilders haya influido en el establecimiento de esta embajada. “No llego a entender dónde está la relación”, contestó Knapen.
Pero Knapen sí se ha pronunciado sobre la elección entre Sudán y Sudán del Sur para la embajada en Juba. “Nos hemos decantado por Sudán del Sur”. Holanda ya no concede más ayuda al desarrollo a Sudán. Otros muchos países occidentales siguen esa misma política, y el ejecutivo de Jartum no lo agradece precisamente. Como represalia, no les concede visados a los nuevos diplomáticos desplegados en Sudán del Sur para viajar a Sudán.
Corrupción
A falta de noticias sobre Holanda en África vale la pena informar sobre Sudán del Sur. La noticia apareció en los pasados días tras filtrarse una carta del presidente sursudanés, Salva Kiir, a sus ministros y otros altos funcionarios sobre corrupción. De ella se desprende que en los pasados años “desaparecieron” 4 millones de dólares. El presidente hizo un llamado a los culpables para que reintegraran el dinero. En una conversación con el vicepresidente sursudanés Riek Machar, Knapen mostró “su preocupación” –como se dice en la jerga diplomática- sobre el problema de la corrupción y prometió consultar a otros países donantes para llevar a cabo una acción conjunta a este respecto.
“Seguro que hay corrupción aquí”, declaró Knapen tras su conversación con Machar. Bueno, al menos eso está dicho. Pero siguió con lo que parece un llamado a la comprensión: “La información viene del FMI, que ha controlado los ingresos y gastos. Existen muchas dudas sobre si se trata de corrupción. Y cuando Sudán del Sur en 2005 y en años posteriores recibió de repente muchos ingresos provenientes del petróleo, no existía todavía un Banco Central ni un Ministerio de Finanzas. La combinación de un todavía no existente Estado y unos elevados ingresos son la receta perfecta para que todo pueda ir mal”. A lo que Knapen añadió: “Estoy muy satisfecho de que el presidente Salva Kiir tome cartas en el asunto, puesto que estamos hablando de una suma muy importante”.
Elevado tono diplomático
Duras palabras diplomáticas, sí. Pero ¿a quién estaban dirigidas?, ¿a Sudán del Sur o a Holanda, donde la política de ayuda al desarrollo tiene que defenderse duramente? Los avisos de corrupción a gran escala salieron a la luz hace ya cinco años. Al principio, los países donantes miraron para otro lado, porque, en efecto, Sudán del Sur era un país muy joven e inexperimentado. Pero desde hace alrededor de dos años, los representantes de los países donantes en Juba no disimulan este problema.
Ya anteriormente, EEUU hizo entrega a Kiir de una lista de ministros corruptos, con la que el presidente sursudanés no emprendió acción alguna. Miembros críticos del partido del gobierno, SPLM, denuncian desde hace ya años la malversación de fondos. La corrupción mantiene un sistema de patronaje que indirectamente conduce a una forma de estabilidad de la clase política. En interés de esa estabilidad todavía se hará la vista gorda durante un tiempo. La visita de un secretario de Estado en funciones holandés puede cambiar muy poco, ya que hay una diferencia entre la cruda realidad y la verdad de la diplomacia.