Cuando un corresponsal de guerra va a una zona de conflicto, ve horrores, está sometido a un estrés muy intenso, al miedo, a presiones, sustos, pero al regresar a su país, a su casa, todo vuelve a la normalidad. Su seguro médico cubrirá los gastos, tal vez tome una terapia, tendrá un descanso, verá a su familia, escribirá sus artículos y volverá a su rutina hasta que lo vuelvan a enviar a otra guerra.
Los periodistas mexicanos, sobre todo en provincia, ven los horrores, están sometidos a un estrés apabullante, tienen miedo, sustos, pero no pueden “regresar” a ningún lugar porque la guerra está en su país. No tienen seguro médico, no tienen terapia postraumática aunque la necesiten, y no solo temen por su puesto de trabajo, sino por su vida y la de su familia.
Una cosa es morir por una bala perdida, “gajes del oficio”, que ser ejecutado. Las amenazas a la familia no es algo que experimentan los corresponsales de guerra extranjeros los mexicanos sí y no tienen escapatoria.
El periodismo, un gremio desvalido
Las cifras de periodistas asesinados y desaparecidos en México son escalofriantes. Sin embargo, la lista de periodistas amenazados es infinita. Muchos colegas han sobrevivido atentados, torturas, desapariciones forzadas, encarcelamientos injustos y lo peor de todo es que cuando esto sucede, los dueños de los medios (con honrosas excepciones) no apoyan a sus periodistas, los desconocen, los dejan solos a su suerte.
Tal es el caso de Miguel Ángel López Solana, quien el 20 de junio del 2011 en Veracruz sobrevivió al asesinato de su padre (subdirector de Notiver), su madre y su hermano, fotógrafo del mismo diario. Notiver, el periódico para el que laboraba, lo despidió. Hay que recordar que este medio ya tiene cuatro periodistas ejecutados.
En muchos medios, cuando hay problemas, echan a la calle a sus reporteros. En otros casos los comunicadores se convierten en moneda de cambio. Por ejemplo, en abril de 2011 un reportero y un editor de San Luis Potosí fueron despedidos del periódico El Portal a petición del gobierno estatal, que condicionó el otorgamiento de publicidad a la salida de los periodistas incómodos.
El cuerpo decapitado de María Elizabeth Macías Castro fue encontrado el 24 de septiembre de 2011, en la fronteriza ciudad de Nuevo Laredo. Macías fue jefa de información del periódico Primera Hora. La periodista publicaba en un blog las noticias sobre el crimen organizado que en Primera Hora no podía divulgar. Junto a su cabeza había dos teclados y un mensaje del narco. Primera Hora no dio la noticia, Radio Nederland sí.
Muchos de los cadáveres de los comunicadores muestran los signos de una brutal tortura, en varios casos además fueron descuartizados.
Cuando el periodista es noticia y mensaje
La impunidad impera y con cada asesinato de periodistas, va el doble mensaje: “Si ustedes tocan temas delicados, esto les pasará” y “aquí hay impunidad. Se puede hacer con los periodistas lo que se quiera y no habrá consecuencias”.
Los artículos y los temas que los periodistas asesinados publicaron y estudiaron, deben ser las principales líneas de investigación de la policía. Muchos de los comunicadores ejecutados seguían las pistas de casos de corrupción y/o el vínculo de funcionarios públicos con el crimen organizado.
Los asesinatos, los atentados, muchas veces son ejecutados por policías, agentes de seguridad, paramilitares, no exclusivamente por mafiosos como afirman los voceros oficiales.
[related-articles]Artículo 19
La libertad de información y de expresión está garantizada por el Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de ahí el nombre de una organización mundial que defiende la libertad de expresión y el ejercicio periodístico.
Artículo 19 y el Centro Nacional de Comunicación Social AC (CENCOS) atribuyen a las autoridades el 49.03% de los ataques a la prensa y el 26.45% al crimen organizado.
Según los datos de la organización Artículo 19, durante el sexenio del presidente Felipe Calderón, 47 periodistas han sido asesinados, 14 desaparecidos y la prensa ha sufrido 565 agravios en un lapso de 10 años, donde se cuentan desde el jaqueo de las páginas de Internet (como es el caso de la revista electrónica Ríodoce, en Sinaloa el pasado noviembre, Dossier Político, de Sonora, y Noticaribe en Quintana Roo) hasta ataques con bombas y granadas a los periódicos, como fue el caso de El Mañana, en Nuevo Laredo, Tamaulipas, en el norte de México.
Un total de 81 periodistas han sido asesinados en México y 14 desaparecidos desde el 2000, según la estatal Comisión Nacional de Derechos Humanos.
El 15 de febrero de 2006, tras presión tanto nacional como internacional, se creó la Fiscalía Especial para atención de los Delitos Cometidos contra la Libertad de Expresión, debido a los sistemáticos ataques contra los periodistas.
Las fiscalías fundadas para atender los crímenes en contra de periodistas no han dado resultados.
Stephania Cardoso y su hijo siguen desaparecidos
Al cierre de esta edición aún sigue desaparecida Stephania Cardoso, fotógrafa del periódico Zócalo, de Torreón, Coahuila.La reportera y su niño, de dos años, fueron vistos por última vez el viernes en la madrugada cuando salieron de una fiesta en la que irónicamente se celebraba el Día de la Libertad de Expresión. En su casa, alguien destruyó su equipo fotográfico, abrió cajones y dejó todo tirado en el piso.