Treinta kilómetros de este a oeste, dunas y seis aldeas entre prados donde siempre sopla el viento. Éste es el decorado del Festival Oerol de teatro, que se celebra cada junio en la isla holandesa de Terschelling, y al que asisten miles de espectadores.
Caminando o en bicicleta, los espectadores van llegando al lugar de una de las funciones que comienza al atardecer. Mientras se desarrolla el drama, detrás de los actores el sol se oculta en el mar.
Naturaleza y cultura
El Festival de Oerol (Oerolfestival), que combina la naturaleza con la cultura, atrae anualmente a unos 50 mil espectadores, que pueden elegir entre decenas de obras.
Las presentaciones teatrales tienen lugar en plena naturaleza, una pequeña aldea, un establo, una iglesia e incluso en el agua. Gracias al Festival de Oerol, en Holanda ha aumentado el interés por el llamado “teatro en exteriores”. A la vez, a escala internacional, Holanda ocupa una posición pionera en este tipo de espectáculos.
El festival en Terschelling comenzó en 1981, con un mínimo de recursos y presentaciones, pero ganó rápidamente prestigio. Un gran número de dramaturgos y compañías teatrales mostraron interés por cambiar la habitual sala por un ambiente inusual y estimulante. Fuera de Holanda el Festival de Oerol fue ganando igualmente adeptos entre el público, actores y directores de teatro.
Desventajas
El teatro en exteriores tiene también sus desventajas. Los decorados y los implementos técnicos deben ser transportados a la isla. Y luego está el clima, impredecible y no siempre afable. No por nada el lema de Oerol 2012 dice: “El viento tiene la última palabra”.
Algunas compañías levantan sus decorados en la playa; otras montan obras que invitan a los espectadores a caminar por las dunas entre una escena y otra. Y a veces los pájaros o las vacas no dejan oír bien a los actores.