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9 July, 2012 - 15:36

Madonna en Ámsterdam

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Holanda, centro de espectáculos internacionales, acogió el pasado fin de semana un elevado número de artistas de todo el mundo. Desde cantantes como Lenny Kravitz en el Festival de North Sea Jazz de Rotterdam hasta la presentación de Madonna en Ámsterdam, hubo para todos los gustos.
‘Madonna sólo quiere una cosa’, decía la reseña de uno de los diarios más leídos en Holanda De Volkskrant: ‘vender disparates, pero estupendos disparates, que la mantengan al mismo nivel que su gran rival, Lady Gaga’.
Adorada por muchos, odiada por otros, la llamada reina del pop hizo alarde de lo que más sabe: montar unos espectáculos que van más allá de la imaginación, con escenarios en constante movimiento y coreografías que desafían en muchos casos la gravedad.
Si a ello hay que agregar la vitalidad de esta mujer de 53 años, con un físico de una de 20, poco importa que su voz cuente en la mayoría de canciones con el apoyo de coros y canciones pregrabadas. No es secreto ni sorpresa que con tanto salto y baile la reina del pop necesite de este recurso, después de todo, el objetivo final es lo que importa: entretener y seducir a un público con su espectacular performance.
Sobre el contenido de sus canciones y la elección de temas de toda índole, no se dejaron extrañar sus obsesiones por la religión, por el infierno, sus insinuaciones hacia casi todos los espectros de la sexualidad, la violencia, y sus preocupaciones por la paz y tolerancia mundial.
Esto último lo hizo saber en un llamamiento al público dirigido a la no discriminación, que si bien sonó a cliché, no perturbó el resto de su espectáculo de aproximadamente dos horas en una de las nuevas y prometedoras salas de concierto de Ámsterdam, el Ziggo Dome, que albergó a unas 15 mil personas.