Esta es una versión de RNW para móviles. Pulse aquí para ver la versión completa
27 July, 2012 - 10:53

La vuelta al mundo de sofá en sofá

Coachsurfing  data/files/teaser_coachsurfing.jpg

“El couchsurfing es una comunidad de intercambio de sofá y la idea es que los viajeros que pasan por mi ciudad disponen de mi sofá, y si yo estoy de viaje, tengo también la posibilidad de dormir en otro sofá, en cualquier lugar del mundo”, cuenta el colombiano Luis Betancourt, uno de los gestores del couchsurfing en Colombia, ex embajador de este servicio de hospitalidad en línea y “200 por ciento viajero”.
Al día de hoy, el sitio web couchsurfing.org tiene cuatro millones y medio de usuarios registrados que representan a más de 200 países.
El sofá es el término genérico que identifica a este sistema online de intercambio de alojamiento, pero el mismo fin claro está, puede suplir un colchón inflable, un pedazo de tapete en el suelo o, incluso, una cama o una habitación. “Yo tuve suerte y en alguna oportunidad dispuse de un departamento completo para mí solo”, dice Betancourt.
El argentino Franco Micalizzi, consultor en comunicación digital y usuario también de este sistema social de hospedaje, lo compara con la costumbre de los niños de pasar la noche en casa de un amigo. “De alguna manera el couchsurfing es hacer eso de grande”, opina.
“Cuando uno visita a un amigo, se siente limitado en el horario”, agrega Micalizzi, pero, “cuando uno va a la casa de otro y no depende del reloj, el tiempo de la charla y de compartir experiencias es mucho más distendido”.
Haciendo olas en América Latina
La idea del couchsurfing nace hace unos cuantos años atrás entre surferos australianos y estadounidenses que iban detrás de las grandes olas. Juntos idearon un sistema para que el fanático de este deporte pudiera alojarse en casa de otro, normalmente haciendo uso del sofá (de ahí el término ‘couch’, en inglés).
Esa experiencia no llegó a germinar hasta que un joven Casey Fenton, futuro co-fundador de couchsurfing.org, aterrizó sin dinero en Islandia y se le ocurrió enviar una solicitud de alojamiento gratis a 1.500 direcciones de correo de estudiantes. Las respuestas positivas fueron tan sorprendentes (más de medio centenar) que a su regreso a Boston se volcó a la construcción del sitio web. El proyecto vio la luz en el 2003 y el año pasado pasó de ser una empresa sin fines de lucro a una corporación.
En América Latina esa idea prendió muy pronto. Hoy, nos cuenta Luis Betancourt, “el grado de energía que tienen los grupos en la región es muy especial” y ése es, quizás, el secreto de su éxito en países como Argentina, Colombia, Brasil, Chile…, y la lista sigue: “Lo que sucede en Latinoamérica es que la línea de viaje es casi la misma siempre, ya sea que empiezas por el sur o empiezas por el norte, bajando desde México, pasando por Centroamérica, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, y después subes por Brasil, o en el sentido contrario”, cuenta el colombiano.
Un turismo cultural y social que no tiene precio
Con seguridad, lo más atractivo del sistema del couchsurfing es la filosofía detrás de la idea. “Hay gente que no se aloja en la casa de otra persona para ahorrar dinero, sino que tiene la finalidad de conocer la ciudad o la gente y no adhiere a la ronda turística que le ofrece una agencia de viajes”, explica Franco Micalizzi.
Según el argentino, “el eje de esta red son los contactos personales, es decir, encontrarse con una persona de carne y hueso, charlar y compartir experiencias”.
De esa forma, coincide Betancourt, los usuarios de la red recogen experiencias inéditas, “como que llegas a un lugar y esa misma tarde estás en una boda, o en el cumpleaños de un abuelito, o en la primera comunión de una sobrinita, o en una fiesta a la que un turista difícilmente va a poder llegar”.
La página web promueve la convocatoria a reuniones semanales entre los viajeros y los nativos, salidas a conciertos y toda clase de actividades sociales y culturales.