El papel que el presidente de Sudán, Omar al-Bashir, desempeña en una pacífica separación del sur del país, es más importante que su inmediata extradición a la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya.
Así opinan los diplomáticos en la capital sudanesa de Jartum. La CPI acusa a Al-Bashir de crímenes de guerra, pero su extradición “podría desestabilizar el norte del país”, afirma Ben Knapen, ministro holandés de Cooperación al Desarrollo, quien visitó Sudán en vísperas del referendo por la autonomía del sur.
[related-articles]El histórico referendo sobre la separación del norte y el sur de Sudán representa desafíos que toman al país por sorpresa. Los habitantes de la propuesta nueva zona fronteriza temen un rebrote de la violencia que afectó por décadas a este país africano. Se espera que el “sí” del referendo reciba un apoyo masivo.
Los diplomáticos también manifiestan su preocupación por la estabilidad del norte de Sudán, una vez que se realice la escisión. Son varios los representantes que temen que si Al-Bashir no logra controlar lo que reste de su país, el proceso de separación en su totalidad se verá comprometido.
El ministro holandés de Cooperación al Desarrollo, Ben Knapen, reconoce lo delicado de la situación. “Apoyamos a la CPI, debe hacerse justicia”, afirma el ministro. “Sin embargo, Al-Bashir se muestra ahora cooperativo, y acepta que se celebre un referendo. Que Al-Bashir sea destituido podría desestabilizar el norte del país.”
Paz más importante que justicia
Aunque el éxito de este “divorcio” entre el norte y el sur podría determinar el destino del mandatario sudanés, Al-Bashir también es requerido por la Corte Penal Internacional en La Haya, que emitió una orden de arresto en marzo de 2009, por considerarlo sospechoso de crímenes de guerra, de lesa humanidad, y más tarde también de genocidio.
Sin embargo, el actual interés de la comunidad internacional en asegurar un proceso pacífico de separación es más importante que la extradición inmediata de Al-Bashir a La Haya, según informó una fuente anónima a Radio Nederland.
“Vastas áreas del norte sudanés son escenarios de tensiones tribales y acciones rebeldes”, reconoce el ministro Ben Knapen. “Estos factores tienen un efecto desestabilizador, y es necesario tener un gobierno capaz de manejar estos problemas. A nadie le interesa que se genere caos.”
Cambio de actitud
Luego de años de férrea resistencia, el pasado 1 de enero, el presidente Al-Bashir declaró que respetaría los resultados del referendo. El ministro sudanés de Cooperación Internacional, Jalal Al-Degair, reforzó esta promesa: “el referendo es el momento culminante del Acuerdo General de Paz firmado en 2005. Nuestros hermanos del sur podrán decidir su destino. Es hora de cumplir lo prometido, y le aseguro que lo haremos”.
Luego de reunirse con diferentes miembros del gobierno sudanés, Ben Knapen percibe una renovada disposición a aceptar la realización del referendo. “Tengo la impresión de que el gobierno de Sudán hoy día se ha comprometido a que se celebre el referendo, y quiere actuar en consecuencia.”
Casi cuatro millones de personas se registraron en el sur de Sudán para votar en el referendo, que se realizará este domingo.