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5 April, 2011 - 11:04

El periodismo amenazado en Tabasco, México

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Radio Nederland entrevistó a Juan José Padilla Herrera, director del periódico El Correo de Tabasco quien nos narró los avatares del quehacer periodismo en su estado, Tabasco.

“En la guerra contra el narcotráfico, los medios de la comunicación hemos quedado en medio, a mitad de fuego cruzado. Estamos en la absoluta indefensión. Las autoridades, el gobierno no nos puede  garantizar seguridad ni el poder ejercer nuestra profesión libremente. No le garantiza protección a nadie en la sociedad y a los periodistas menos. Somos los más expuestos. Cumplir con nuestro trabajo nos vuelve un target, como se dice en inglés. Estamos expuestos. La única manera que hemos encontrado para protegernos es la autocensura. Es muy triste y muy penoso decir eso, pero es la realidad.
 
El crimen organizado, Los Zetas en el caso de Tabasco han asesinado a varios periodistas incluso en la vía pública, a la vista de todos. Yo soy director del periódico El Correo de Tabasco y por publicar una foto del jefe de los Zetas en Tabasco, me amenazarosn de muerte.

La Procuraduría General de la República nos comunicó con un boletín oficial que el individuo estaba preso, pero no fue así, estaba libre. Me llamaron por teléfono a mi casa y me dijeron que me habían enviado “un regalo”  y que lo habían dejado en mi periódico. Resultó ser la cabeza de un joven que traía el mensaje: “Tú eres el próximo”. Me tuve que ir del país, me tuve que esconder, tuve que disgregar a mi familia y a cada miembro enviarlo a un país distinto.

Los periodistas de Tabasco hemos aprendido mucho de la manera más dolorosa y nos cuidamos. Ya no podemos publicar las cosas que consideramos importantes. Nuestra obligación es informar sobre la situación, no ocultarla, porque sería engañar a la gente, darle una realidad que no existe. No debemos callar la verdad de los hechos. Sería una traición a nuestros lectores. Además es algo tan evidente, que no se puede esconder.

[related-articles]No tenemos a quién acudir.

La Fiscalía Especial para Delitos en Contra de los Periodistas no ha resuelto ni un solo caso. No se interesan por nosotros. Nadie de ellos quiso hablar conmigo sobre la cabeza en mi periódico y las amenazas de muerte en mi contra y  de mi familia. Los únicos que me escucharon fueron las personas de la Comisión de Derechos Humanos, pero ellos no pueden hacer nada. Yo me quedé solo.

Vivimos con miedo y las agresiones y amenazas nos censuran. Una nota no vale la vida de una persona, ni la propia ni la de otros.