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5 May, 2011 - 14:53

“Declaración de sujeto no-enemigo” para los alemanes, un capítulo cerrado

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Decenas de miles de alemanes la tenían en su poder: una declaración de no-enemigo. Este documento era necesario para permanecer en Holanda después de la Segunda Guerra Mundial. Quien no tuviera ese comprobante corría el riesgo de ser deportado.

Marguerite Irrgang tuvo acceso al expediente de su abuelo Frits en junio de 2010. Contenía un peculiar documento: una declaración de sujeto no enemigo. Marguerite: ‘Me conmocionó, porque pensé ¿acaso mi querido abuelo había sido enemigo del estado? ¿Acaso mi abuela no había protegido a personas ocultándolas en su casa durante la guerra? Entonces iniciamos una investigación.’

Holanda estuvo bajo la ocupación alemana entre 1940-1945. Después de la guerra, los súbditos del antiguo país ocupante no eran bienvenidos en Holanda. Los alemanes eran medidos según el criterio de ‘buenos’ o ‘malos’. Debían poseer un documento especial para seguir residiendo en Holanda. En el Archivo Nacional de La Haya hay cientos de metros de estos documentos.

Clandestinos
El alemán Frits Irrgang vivía y trabajaba en La Haya desde los años treinta. Estaba casado con una mujer holandesa. Como alemán tuvo que pelear por su patria durante la guerra. Quien se negaba era ejecutado. Más tarde fue capturado por los rusos y Frits Irrgang fue internado en un campo de prisioneros de guerra. En 1948, escuálido, regresó a La Haya donde lo esperaban su esposa Mies y sus mellizos de ocho años.

En ese momento, su mujer ya había conseguido una declaración de sus vecinos certificando que ellos habían ocultado a personas perseguidas durante la guerra. Un documento de esencial importancia ya que en aquella época, los actos de represalia eran frecuentes.

Nacionalidad alemana
Al regreso de Frits Irrgang, la familia intenta conseguir una declaración oficial de “no-enemigo” del Estado holandés. El codiciado documento es emitido por el NBI, un instituto holandés que administraba también el capital de víctimas enemigas y judías.

‘Nunca se prestó mucha atención a los expedientes de los residentes alemanes’ afirma Wouter Veraart, filósofo del derecho en la Universidad Libre de Amsterdam. ‘Eso, a pesar que no todos fueron tratados correctamente. Los calificativos de ‘bueno’ o ‘malo’ eran irrelevantes. La nacionalidad alemana era suficiente para ser considerado enemigo.’

Ana Frank
En algunas ocasiones, esto derivaba en extrañas situaciones, como el caso del padre de Ana Frank (la jovencita que escribió su famoso Diario), que siendo alemán, también tuvo que solicitar su “declaración de no-enemigo”. Se sospechaba que Opekta, su fábrica de dulces, hacía negocios con los nazis. Finalmente no se encontraron objeciones a la concesión del certificado para Otto Frank. Y en algunos casos, judíos alemanes fueron internados junto con miembros del partido holandés pro-Hitler NSB, mientras esperaban el resultado de la investigación.

El historiador Melchior Bogaarts es autor del libro ‘Fuera los alemanes’, en el que describe la política del gabinete holandés con respecto a los residentes alemanes. ‘No siempre se procedió con moderación. Holanda estaba destruida y trataba de sobrevivir. Lamentablemente, era característico de ese tiempo.’

El conde Van Bernstorff, un alemán de familia noble, era dueño de la isla holandesa de Schiermonnikoog y una figura apreciada entre los isleños. Su propiedad fue confiscada por el Estado holandés a pesar de numerosas manifestaciones de apoyo que habían llegado al instituto holandés NBI.

El gobierno holandés consideraba a cualquier alemán – inclusive mujeres y  niños que adquirieran la nacionalidad alemana por su padre o esposo – como súbdito enemigo. Según Bogaarts, esto no obedecía puramente a motivos de venganza sino también de interés económico. ‘Holanda se había convertido en uno de los países más pobres de Europa a causa de la guerra. Por eso deportó con relativa arbitrariedad a muchos alemanes y les confiscó sus posesiones. Ese capital constituyó una parte de las indemnizaciones alemanas.

Protestas
No se sabe con exactitud cuántos alemanes se encontraban en Holanda al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Según las cifras del historiador Loe de Jong, en 1940 había 52.000 alemanes en Holanda. A fines de 1945, la cifra se había reducido a 25.000. Más de la mitad de estos alemanes habría recibido una declaración de súbdito no-enemigo, según De Jong.

Confiscaciones
En 1951 se puso fin a las confiscaciones. Ese año, Holanda firmó un acuerdo de paz con Alemania. La recaudación total del estado holandés llegó a unos mil millones de euros, según cálculos de 1962. Una considerable suma de dinero que provenía principalmente de las participaciones alemanas en la industria y sector financiero de Holanda.

Para la familia Irrgang, lo importante era desentrañar la historia completa del abuelo Frits. ‘Nos costó muchas llamadas de teléfono, e-mails y entrevistas,’ dice Marguerite Irrgang. ‘Mis abuelos obtuvieron un nuevo rostro. Es una bella historia que podemos narrar con orgullo a nuestros descendientes.’

El sobre con la declaración de ‘no-enemigo’ llegó a la casa de Frits Irrgang el 18 de mayo de 1949. En 1956 la familia obtuvo la ciudadanía holandesa. Frits regresó a su antiguo empleo en el hotel Des Indes en La Haya donde ascendió al puesto de Maître d’Hotel y sumiller. Procuró que sus dos hijos completaran los estudios. Un nieto llegó incluso a ser parlamentario: el representante por el Partido Socialista, Ewout Irrgang. De ‘enemigo del estado’ a miembro del parlamento, en el curso de dos generaciones.