“Días cruciales para el euro”. Así se calificó en Bruselas el alcance de la cumbre de líderes europeos que hoy y mañana se reúnen para tratar la situación cercana a la quiebra de Grecia. Holanda exige a los bancos que cooperen en un nuevo fondo de emergencia, pero éstos no ven razón para acceder.
“Esta tensión no la había vivido nunca”, dice la experimentada europarlamentaria holandés Corien Wortmann, quien intentó conseguir una mayoría en el Parlamento Europeo para su propuesta de imponer reglas más severas de presupuesto. Wortmann quiere que se establezcan sanciones para los países de la Unión que acumulen deudas, de modo de evitar situaciones como la griega en el futuro. “Pero Francia y Holanda se niegan. No quieren que Bruselas se inmiscuya en su política de presupuesto”, dice Wortmann.
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Es una carrera contrarreloj. El Parlamento Europeo votará sobre la propuesta de Wortmann poco antes que lleguen los jefes de gobierno europeos a Bruselas, para discutir sobre una nueva disciplina presupuestaria para afianzar la confiabilidad del euro. “Este será un día crucial para el euro, y por lo tanto para todo el proyecto europeo,” dice Wortmann, antes de retirarse apresuradamente para continuar con su búsqueda de apoyo político.
Equipos de televisión de todo el mundo han llegado a la capital Belga. La Unión Europea se prepara para el “día de la verdad”, como figura en algunos titulares de periódicos.
Fiesta para Holanda
En las discusiones acerca de la crisis de la deuda Griega, Holanda habla claro. El ministro de Finanzas, Jan Kees de Jager exige que los bancos y los fondos de pensiones colaboren en el fondo de emergencia para Grecia. Los riesgos no solamente deben ser asumidos por los contribuyentes sino también por los banqueros y los inversores.
“Una fiesta para Holanda”, calificó un orgulloso De Jager el apoyo que obtuvo en Bruselas de sus colegas europeos. Pero ese apoyo, en la práctica, no tiene mucho valor, advierten los banqueros que ponen en duda la efectividad de la política más severa de Holanda. “Para los bancos tiene que haber algún aliciente”, dice Carsten Brzeski en la oficina central del Banco ING de la capital belga.
Realmente nadie cree que Grecia merece algún crédito. “Un posible aliciente es que el Estado actúe como garante para la participación de los bancos. Pero con una garantía estatal de este tipo se pide indirectamente que los contribuyentes se hagan cargo del riesgo de los bancos, y por supuesto esa no puede ser la idea”. Otro estímulo para que los bancos participen es, según Brzeski, “difícil de encontrar”.
Guardar las apariencias
Pero para el ministro De Jager sí existe el remedio político milagroso con el que obtuvo el apoyo del Parlamento holandés. Según analistas en Bruselas, De Jager ha conseguido con ello ganar tiempo y postergar el momento de las malas noticias. Brzeski: “Durante esta cumbre europea todos los jefes de gobierno insistirán en el tema de la participación voluntaria de los bancos. La historia la conocemos. Será una forma de guardar las apariencias.”
El verdadero trabajo comienza, según él, recién el próximo lunes, cuando el Parlamento griego vote acerca de los draconianos recortes. Según Brzeski, después los ministros de Finanzas podrán comenzar a hablar acerca de las condiciones para un nuevo préstamo de miles de millones. Entretanto aumenta el nerviosismo en los mercados, admite Brzeski. “Será un verano muy complicado, porque la crisis griega sigue sin solucionarse”.