Fiesta y congoja, rezos y luchas, seducción, historias y relajamiento, esas son algunas de las funciones que desde siempre ha tenido la música para la gente. Música como válvula de escape para todo lo que nos ocupa.
En las últimas décadas más que nada como esparcimiento, pero durante muchas generaciones también como forma de expresar la protesta y la resistencia. Este es el primer relato de una serie de Radio Nederland Wereldomroep, RNW, sobre la canción de protesta en todo el mundo.
Cuando, al final de la década del 40 del siglo pasado, el popular cantante norteamericano Peter Seeger arregló un viejo tema de góspel para ser cantado en mítines políticos, no pudo prever el impacto que tendría. “We Shall Overcome' se transformó en la canción de lucha del movimiento por los derechos civiles en EEUU en las décadas del 50 y el 60. La composición es, hasta el día de hoy, un símbolo de resistencia musical. No está mal para una canción que cuenta solamente con seis frases. Probablemente, esos versos han tenido más influencia en el movimiento por los derechos civiles que el más hermoso de los discursos políticos.
Del hogar a la sociedad
Siglo tras siglo, la gente ha escrito y entonado canciones insurreccionales y de protesta. Los textos de la música popular europea nos muestran las ocupaciones de la gente en el pasado. En el Siglo XIX, los esclavos de EEUU cantaban spirituals para contar sus tristezas y quebrantos.
[related-articles]La pesada existencia en el campo y en las casas, las fábricas, minas y plantaciones, fueron los agradecidos temas cantados en esas canciones. A comienzos del Siglo XX se produjo un desplazamiento del foco de los textos. Las canciones se centraron cada vez más frecuentemente en los grandes problemas sociales, como los derechos de las mujeres, la Primera Guerra Mundial y la diferencia abismal entre ricos y pobres.
Una bomba
El desarrollo tecnológico hizo que mucha más gente conociese las canciones de protesta. Por ejemplo: 'Strange Fruit', una composición sobre el linchamiento de un negro en el sur de EEUU. La canción cayó como una bomba porque la versión de Billie Holiday se escuchaba en todas partes pues era emitida por la radio.
Gracias a la emisora VARA, Holanda tiene una gran tradición en canciones de protesta socialistas. El coro La Voz del Pueblo (De Stem des Volks) fundado a fines del Siglo XIX, cantó durante muchas décadas 'La Mañana Roja' o 'La Internacional' en la conmemoración del 1 de Mayo y otras efemérides.
Qué duerma bien, Sr. Presidente
En la década del 60, cuando los artistas descubrieron que era interesante comercial y creativamente componer canciones a favor de los derechos civiles, por la igualdad y contra la guerra en Vietnam, la protesta cultural casi llegó a formar parte del orden establecido. Millones de personas compraban discos de Bob Dylan, Donovan y Joan Baez. Fue entonces cuando, contra su voluntad, un joven Boudewijn de Groot fue promovido a cantante de protesta más importante de Holanda. De Groot había compuesto 'Welterusten Mijnheer de President' (Qué duerma bien, Sr. Presidente) un tema contra la intervención estadounidense en Vietnam.
También en otras partes del mundo se experimentó el poder de la canción de protesta. En los años previos y durante las dictaduras, en América Latina floreció su rica tradición en canciones de protesta. El cantante y activista chileno Víctor Jara, asesinado durante el golpe de estado de Augusto Pinochet, se transformó en un símbolo de la resistencia. Hasta el día de hoy se cantan sus canciones y se recitan sus poemas. Europa Oriental también tuvo su agitada y clandestina vida musical durante su período de regímenes comunistas.
Free Nelson Mandela
El movimiento contra el Apartheid en Sudáfrica fue apoyado por gran cantidad de artistas de occidente, que criticaban la segregación con su música. En 1984, el grupo británico 'The Special AKA' editó el simple 'Free Nelson Mandela', con el que dio a conocer el nombre del líder del ANC entre los jóvenes que bailaban ese 'hit' en las discotecas.
Diez años después Mandela fue electo Presidente de Sudáfrica. Las estrellas de la música pop, uno detrás del otro, desde 'Bono' a las 'Spice Girls', viajaron a Sudáfrica para hacerse fotos junto al mayor símbolo contra el Apartheid. Esta es una señal de que la protesta y la resistencia en la música pasaron parcialmente a formar parte de la corriente aceptada. Además, demostró que no afecta a la imagen del artista que cante sobre problemas sociales y políticos.