“No es probable que musulmanes exhaustos y pasando hambre tengan demasiada energía o apetito para mucha política”, dice Nabila, una maestra de 31 años en El Cairo. Sin embargo, el comienzo del mes sagrado del Islam, o Ramadán, el próximo lunes, no significa el fin de la Primavera Árabe. Sólo que se trasladará “desde la plaza de Tahrir a las pantallas de televisión”.
Durante el Ramadán, los musulmanes no beben ni comen entre la salida y la puesta del sol. El ayunar en el calor de agosto es muy desgastante físicamente, dice Nabila. “Muchas –si no todas- las manifestaciones actuales, las huelgas y las tomas se terminarán durante el Ramadán. Nadie saldrá a protestar o a gritar a las calles.”
El ímpetu se aquieta
Es así como para cientos o miles de personas en Egipto, Túnez, Libia, Yemen y Siria, el mes sagrado puede ser un intervalo para tomar aire después de largos meses de tensiones, disturbios, protestas y brutal represión. El ritmo de las revoluciones en marcha cambiará, y tal vez la intensidad, cuando se suspenda la violencia, especialmente repudiada durante el Ramadán.
[related-articles]Muchos temen que si el ímpetu de la protestas se pierde durante todo el mes y no sea fácil recuperarlo de nuevo, el Ramadán puede ser la oportunidad para los regímenes represores para recuperar el poder. El Coronel Gadafi en Libia ya ha llamado a un alto el fuego durante el Ramadán. Ibrahim Eldebashi, un alto diplomático negociando del lado de los rebeldes en Nueva York, rechaza el llamado, describiéndolo como un intento de Gadafi de obligar moralmente a la OTAN a suspender su campaña militar. Muchos libios preferirían que los combates no continuaran durante el Ramadán pero, dice Eldebashi, las tropas del mismo Gadafi “nunca cesarán el fuego y no le daremos la oportunidad de volver a fortalecer su desmoralizado ejército.”
Una fiesta menos opulenta
Bajo la dictadura estrictamente secular de Ben Ali y su predecesor Bourgiba, la vida cotidiana en Túnez siempre se vio menos afectada por el Ramadán que en otros países islámicos en el Medio Oriente. El primer Ramadán en democracia podría ser algo diferente, con el surgimiento de los musulmanes reprimidos por mucho tiempo. La cantidad de influencia que puedan tener todavía no está clara. Según el periodista Ismael Dbara, “se verá más gente con ropas conservadoras islámicas en las calles y, a diferencia de hace tres décadas, las mezquitas permanecerán abiertas después de las oraciones.”
Los canales de televisión de Túnez tradicionalmente emiten interminables novelas durante el Ramadán, pero Dbara cree que habrá algo de espacio para la política en las pantallas este año. Una diferencia que los tunecinos posiblemente menos no verán con buenos ojos es una comida de Iftar menos opulenta para romper el ayuno en la puesta de sol. La economía ha sufrido durante seis meses de disturbios, con la falta de turistas y con una disminución del poder comprador.
Imanes influyentes
La situación política en Siria sigue siendo particularmente volátil, con un régimen resquebrajado con las protestas. Se dice que las tropas de Gobierno están intensificando su campaña en la víspera de Ramadán, mientras que la oposición planea manifestaciones diarias durante el mes sagrado. El gran Muftí de Siria ha negado las informaciones de que el presidente Bashar al-Assad esté considerando prohibir el Taraweeh, una muy concurrida oración especial vespertina para el Ramadán. Sea verdad o no, las noticias reflejan la preocupación en Damasco de que un gran número de musulmanes sunitas repletarán las mezquitas en todo el país durante el Ramadán y serán influenciados por los imanes, muy opuestos al régimen de al-Assad.
Nasir Ali en Sana’a sostiene que el Ramadán generalmente significa enormes cambios en la rutina diaria de Yemen, con las actividades del gobierno reducidas casi hasta un punto muerto. Pero es difícil de prever cómo el mes sagrado afectará el levantamiento político que dura ya seis meses en el país. Es posible que tanto los opositores como el gobierno asuman una actitud de espera hasta el fin del Ramadán.
Caridad interesada
En El Cairo, Nabila está satisfecha de que las elecciones hayan sido pospuestas de manera que no caigan directamente después del Ramadán. El mes sagrado, dice, “da demasiado tiempo en los medios y demasiada exposición al Islam y al islamismo político, lo que no sería justo para el resto.” Ella también advierte que los candidatos ricos podrían usufructuar de la tradición de caridad del Ramadán como una forma de cohecho para sus fines políticos –algo que ya podría estar ocurriendo. Según los informes en los medios Egipcios, los partidos políticos se han abalanzado hacia las zonas pobres de El Cairo a distribuir alimentos y otros bienes relacionados con el Ramadán. Los partidos laicos y sus candidatos están deseosos de competir igual que los musulmanes para ganar el corazón (y el estómago) de los pobres. Democracia en acción.