Yeisi Alexandra Mendoza fue reclutada por las FARC a los 8 años de edad. Años después, tras ser capturada por el Ejército colombiano y seguir un largo proceso de reinserción civil, está a punto de cumplir su sueño: ser médica.
Yeisi Alexandra Mendoza viajó hasta la ciudad holandesa de La Haya junto con una delegación del Gobierno colombiano para compartir con otros jóvenes del mundo su experiencia como ex combatiente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC. Lo hará durante el Foro que, sobre prevención de reclutamiento de niños y niñas, ha organizado la Corte Penal Internacional.
Aunque no existen cifras sobre el número de menores que podría haber sido reclutado a la fuerza por grupos armados irregulares en Colombia, tanto el Gobierno como las organizaciones que protegen a los niños, e incluso el mismo Secretario General de las Naciones Unidas reconocen la gravedad de la situación. La edad promedio en la que los niños y niñas son arrebatados de sus hogares se estima en 13 años. No obstante, el testimonio de Yeisi Alexandra da cuenta de que cada vez son más los menores reclutados incluso antes de haber entrado a la adolescencia.
Combatir y sobrevivir
A Yeisi Alexandra Mendoza la sorprendió la guerra a los 8 años cuando estaba cuidando a sus hermanos más pequeños en la granja en donde vivía con sus padres, en una zona campesina de Colombia. Guerrilleros de las FARC llegaron con el fin de reclutar a su hermano mayor, mas, al darse cuenta que éste padecía epilepsia, decidieron llevársela a ella.
Por su corta edad, su entrenamiento tardó mucho más de lo esperado. En un comienzo, se dedicó a cumplir con las labores domésticas del campamento, pero pronto llegaría la hora del primer combate. A los 12 años, Yeisi Alexandra enfrentó por primera vez a quienes, según le enseñaron, eran sus ‘enemigos’. Para ella, este hecho es una de las experiencias más duras de sus años en las FARC, y pronto supo que lo único importante era salir viva de los enfrentamientos.
[related-articles]Durante los 9 años que formó parte de las filas de la guerrilla, Yeisi Alexandra sufrió 3 veces de paludismo y padeció los síntomas de un hipotiroidismo no diagnosticado. Contrario a lo que han tenido que experimentar otras niñas, ella no sufrió ningún tipo de acoso sexual ni violaciones, ni da testimonio de algo similar en el frente que integró. Como muchos, Yeisi Alexandra intentó escaparse en varias oportunidades y, como pocos, se libró de las sentencias de muerte que aplica las FARC en estos casos.
Luego de un largo y duro proceso de reinserción a la sociedad, esta colombiana se reencontró con su familia y comenzó a estudiar. Sin prácticamente haber pisado las aulas de una escuela, con grandísimos esfuerzo y disciplina, hoy está terminando la carrera de Medicina. Pero sus ambiciones no terminan ahí: ella quiere ser cirujana.
El regreso a la normalidad
El Gobierno de Colombia, a través de la Alta Consejería para la Reinserción, contabiliza unos 4.400 menores de edad desvinculados de los grupos armados ilegales. Lo que causa gran preocupación es que muchos de esos menores se desvinculan cuando alcanzan la mayoría de edad y, por ende, ya no se les trata como víctimas ni son amparados por las leyes nacionales y los tratados internacionales de protección al menor.
Para atender la reinserción, el Gobierno colombiano destina unos 160 millones de dólares al año, presupuesto que se distribuye entre los diversos programas de atención básica, médica y sicológica que existen en el país. Para el Alto Consejero, Alejandro Eder, los retos son enormes, pues “reintegrar a los menores a la vida civil es muy difícil porque, muchas veces, se fueron a una muy temprana edad. En algunos casos, a su regreso sus familias los rechazan y, cuando son capturados, los menores sufren tal nivel de adoctrinamiento por parte del grupo armado, que rehúsan la reinserción. La mayoría de ellos llega con un grado de escolaridad muy bajo, y todos vienen traumatizados por la violencia que les ha tocado vivir. En fin, es un proceso muy complejo”.
Prevenir para no lamentar
El contexto de violencia que vive Colombia desde hace décadas hace que los niños y niñas sean las víctimas más vulnerables. La presencia de los actores armados ilegales en zonas con índices de miseria muy altos; la situación de violencia intrafamiliar, que tiene en los menores sus presas más fáciles, la falta de cobertura escolar y de oportunidades en muchas regiones, son algunos de los factores que estimulan el fenómeno de los niños soldados en Colombia.
Reducir el nivel de vulnerabilidad de niños y jóvenes es no sólo un deber del Gobierno de Colombia, sino que se ha convertido en una política de Estado. Con tal fin, se crea el programa "Mambrú no va a la Guerra", que ofrece espacios lúdicos y culturales a los niños y niñas de las zonas más violentas, para que no terminen empuñando un fusil.
El programa apoya proyectos comunitarios como grupos de teatro, escuelas de fútbol, medios de comunicación, así como grupos étnicos y culturales en diferentes pueblos y ciudades de Colombia. Uno de esos proyectos es La Eskina del Barrio, que, como dice su director, Mauricio Fernando Rodríguez, le está robando niños y jóvenes a la guerra.