El número de periodistas asesinados en México en los pasados diez años asciende ya a 82. Los crímenes son cada vez más abominables, y no se vislumbra ninguna salida al terror. México vive una realidad en la que tan solo escribir las palabras “tráfico” o “narcos” puede pagarse con la vida.
María Elizabeth Macías, jefa de redacción del diario Primera Hora, es la víctima más reciente. Su cuerpo fue hallado decapitado el 24 de septiembre. Se trata del onceavo periodista asesinado desde el inicio del año, tras los homicidios de Rocío González Trápaga, ex reportera de Televisa, y Ana María Marcela Yarce Viveros, fundadora y periodista de la revista semanal Contralínea, ocurridos el 31 de agosto pasado en el Distrito Federal.
Radio Nederland habló con una colega de las víctimas, que por razones de seguridad, desea permanecer en el anonimato. “Me incluyeron en una lista negra y me amenazaron, diciendo que ya los tenía cansados, y que si me volvía a salir del esquema y de la línea que ellos estaban marcando, que me iba a ir muy mal”, fueron las amenazas que el grupo de los Zetas hizo a la periodista. Pulse aquí para leer la entrevista en formato PDF.
[related-articles]“Yo no sé en qué momento puede molestarles la información que yo escriba…es tanto el nexo que hay entre organismos sindicales, gobierno e instituciones, que uno ya no sabe ni a quién está tocando”, concluye.
En los últimos dos meses, más de quince periodistas mexicanos tuvieron que exiliarse por correr peligro de muerte. ¿Qué quedará de la libertad de información mientras se sigan produciendo impunemente estos crímenes?