Hace cinco años, su colega rusa Anna Politkovskaya fue asesinada. Esta semana Elena Milashina se encuentra en Holanda para recordar a aquella luchadora por los derechos humanos. A pesar de que asume el peligro de correr la misma suerte, Milashina continúa el trabajo de Politkovskaya. No puede dejar de hacerlo. “Soy periodista. Es mi labor.”
Milashina trabaja, al igual que Politkovskaya, para el diario independiente más grande de Rusia, Novaja Gazeta. Su vida tampoco es segura. Según Milashina, el país es regido por la impunidad y la corrupción. Un ejemplo es que los asesinos de Anna Politkovskaya nunca fueron llevados a juicio. Y no es el único caso de periodistas asesinados que nunca ha sido aclarado.
“Anna fue la tercera persona que perdimos y fue un golpe tremendo. Pero la reacción que causó fue tan grande en todo el mundo que esperábamos que harían algo por investigar. Lo que fue una ingenuidad de nuestra parte. Pero por lo menos esperábamos que no hubiera más asesinatos.”
Sin embargo la situación incluso ha empeorado con los años. Desde la muerte de Politkovskaya en 2006, otros tres colegas del periódico fueron asesinados. También criticaban al gobierno. Eran amigos personales de Milashina.
[related-articles]Un futuro sombrío
El hecho de que el primer ministro ruso Vladimir Putin haya anunciado que está disponible para asumir nuevamente la presidencia, le quita todavía más esperanzas en el futuro a Milashina.
“Libertad de expresión: yo puedo decir que en Rusia no existe. Pero prevalece en una forma de “reserva de libertad de prensa”. El 70 por ciento de la población rusa obtiene su información mirando la televisión. Y lo que hacen mis colegas en televisión es trabajar para el gobierno. No es periodismo, es propaganda. De modo que intentamos llevar a la gente información auténtica. Nuestra público es de alrededor de 3 millones de personas. Son muchas pero no son suficientes en Rusia, donde viven 140 millones.”
A pesar de todos hay algunos puntos positivos. El diario Novaja Gazeta puede publicar lo que quiera a pesar del hecho que periodistas individuales sean intimidados desde fuera. La razón para eso, dice Milashina, es que el gobierno utiliza al periódico para hacer ver al mundo que efectivamente hay democracia y libertad de expresión en Rusia.
Influenciar a la opinión pública
También el diario es capaz a veces de influenciar a la opinión pública, como en el caso de Michail Chodorkovski. Ese ex magnate petrolero se encuentra detenido desde 2003, oficialmente acusado de evasión de impuesto y fraude. Pero en general se supone que Chodorkovski está preso porque apoyó abiertamente y con ayuda financiera a la oposición contra el entonces presidente Putin.
A pesar que el gobierno ruso, según Milashina, hace todo lo posible por desprestigiar a Chodorkovski, cada vez más gente en Rusia se convence de que es inocente:
“Por eso nuestro trabajo es importante. Porque tarde o temprano la gente se dará cuenta quiénes son los enemigos de Rusia, dónde están los verdaderos enemigos del pueblo, qué es lo que Putin y sus amigos están haciendo realmente. Es un proceso lento pero está marchando.”
A pesar de la época sombría que según la periodista sobrevendrá después del regreso de Putin a la presidencia, Milashina sigue confiando en la capacidad de resistencia del país.
“Mi esperanza es mi país. Yo creo que todo lo que estamos enfrentando y la situación que vivimos son momentos de cambio. Estamos dando un paso adelante hacia a la democracia y mil pasos atrás hacia la Unión Soviética, pero aún así, estamos cambiando como país.”
Esto da a Milashina la fuerza para seguir trabajando en ampliar esa “reserva de libertad de prensa” en Rusia.