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13 November, 2011 - 08:06

Reveles: La 'colombianización' de México

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El periodista mexicano José Reveles advierte en su nuevo libro sobre la ‘colombianización’ de su país, y sobre la reducción de las garantías para una elección presidencial democrática en el 2012.

Con más de cuarenta años de ejercicio del periodismo en México y la publicación libros de investigación para entender el fenómeno del crimen organizado en su país (NarcoMéxico, 2011), José Reveles es un periodista clave para desentrañar la complejidad de la guerra entre cárteles y captar las dimensiones de la respuesta belicista del presidente Felipe Calderón, cuya política fallida ha arrojado un saldo de más de 50 mil muertos.

A juicio del informador e investigador, el máximo y final responsable es el Gobierno mismo, tanto por las desapariciones y las muertes, como por criminalizar a todo aquel que muere. En su nuevo título, ‘Levantones, narcofosas y falsos positivos’ (Grijalbo, 2011), Reveles llega a un nuevo concepto dentro del entramado mexicano de la violencia: la colombianización del país es un hecho, con el señalamiento puntal de casos de falsos positivos que anuncian lo peor.
“Cuando hay masacres de jóvenes,” comenta Reveles, “como ocurrió en Ciudad Juárez durante una fiesta, lo primero que dijo el presidente Calderón, quien estaba en el extranjero, fue que ‘eran delincuentes, traficantes’. Pero resultó que las víctimas eran estudiantes excelentes y deportistas. Se repite en otros crímenes, como los dos jóvenes del Tecnológico de Monterrey, quienes murieron fuera del campus, en cuyas manos se colocan armas, y cuyos cuerpos se dejan en tales posturas que parezcan como agresores del Ejército. Acaeció también con jóvenes que se dirigían a una fiesta en Sinaloa, a quienes también asesinan a disparos cuando viajaban en camioneta. Posteriormente se confirma que los soldados estaban drogados y borrachos. Se puede, además, mencionar otros mil casos, en los que se alega que primero dispararon los civiles, tras lo cual el Ejército ‘supuestamente’ tuvo que repeler la agresión”.
El problema no es solamente de omisión, sino de comisión, explica Reveles. Porque los cuerpos de seguridad de México poseen permiso para matar. Son más de cien mil uniformados que actúan en más de la mitad de los Estados. “El Gobierno hace del Ejército una fuerza de invasión hacia los Estados soberanos, y la sociedad empieza a responder con acciones legales, como la que se prepara ante la Corte Penal Internacional”.
Efectivamente, en pocos días se presentará en La Haya, ante la Corte Penal Internacional, la acusación formal de un colectivo de abogados mexicanos contra el presidente Felipe Calderón, “responsable de la muerte de más de cincuenta mil personas, víctimas de crímenes de lesa humanidad”, señala Reveles.

[related-articles]“Los delitos de lesa humanidad no solamente se están cometiendo contra mexicanos, sino también contra extranjeros”, agrega el informador. “México se ha convertido en un cementerio para migrantes centroamericanos y de otras latitudes que atraviesan por el calvario de la república mexicana,” precisa. Al mismo tiempo, cita datos oficiales según los cuales, anualmente, 20 mil de ellos son secuestrados, torturados y extorsionados para que sus familias envíen dinero a cambio de su libertad, sin la certeza que los volverán a ver. Las mujeres son violadas y muchos de los cuerpos quedan en México, enterrados o abandonados en la superficie. “Un ejemplo de ello es Tamaulipas, donde, en agosto del 2010, se liquidó a 72 personas; una masacre”.
“Todos los familiares, tanto mexicanos como centroamericanos, guardan la esperanza de que sus ‘levantados’ (tal como indebidamente los llaman el Gobierno y la prensa mexicana. Con levantones se refieren a la desaparición forzada de personas o la privación ilegal de la libertad, o el secuestro, en este caso sin fines económicos) se encuentren vivos y estén haciendo trabajo esclavo en el tráfico de droga o la trata de blancas. El caso más sonado data de 1984, en el rancho Búfalo, en Chihuahua, propiedad del narco Rafael Caro Quintero, donde se descubrieron, al menos, trece mil campesinos que eran obligados a trabajar en cultivos de marihuana. “Habían cosechado once mil toneladas”, detalla Reveles.

RN: Pero, con más de 50 mil muertes, torturas, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones y narcofosas, ejemplos de una violencia extrema, ¿se dan las condiciones para celebrar, en julio del 2012, elecciones democráticas en México?
J.R.: “La ley lo permite, el juego de partidos lo permite, hay candidatos, hay precampaña. Pero hay algo muy grave: los precandidatos ni siquiera mencionan el tema que aquí estamos tratando”, responde Reveles.
RN: Y ¿por qué razón?
J.R.:“Hablan globalmente de la inseguridad, injusticia, como cuestiones lejanas …
RN: ¿Por presión del narco?
J.R.: Es presión del narco, pero tampoco quieren quedar mal con los militares. En su fuero interno, cada uno de ellos está convencido de que puede haber una violencia más extrema en México, al grado de que se elimine algún candidato, como ocurrió con Luis Donaldo Colosio en la década pasada, o en Colombia con sus candidatos. No estamos lejos de eso”, pronostica Reveles.
RN: ¿Desea el narcotráfico el regreso del PRI?
J.R.: “Creo que el narco no tiene bandería y que se entiende con cualquiera, porque el entendimiento se da a base de corrupción, de sobornos. En 1996, un procurador de la República calculó que el narcotráfico mexicano ganaba 30 mil millones de dólares al año, y de esa suma pagaba 40 por ciento para obtener protección de las autoridades. Ahora se habla de una cantidad superior: 40 mil millones anuales. El problema es que no sabemos qué pasa con el dinero que se le incauta al narco, pues no hay rastro de dólares ni de pesos. Es decir, no se les está quitando el nervio financiero”, asegura Reveles.
Flujos financieros del narco
Uno de los aspectos centrales de Levantones, narcofosas y falsos positivos explica por qué Felipe Calderón nunca se inclinó por bloquear y cerrar los flujos financieros de los cárteles mexicanos. La respuesta, a juicio de Reveles, es “que nos enfrentamos a una ficción, a una guerra más que fallida, fingida. Una guerra que pretende la concentración, en un solo grupo hegemónico, del tráfico de drogas y de otras actividades de la delincuencia. Para ello se requiere de una permisibilidad, una conexión y complicidad, y de un encubrimiento por parte de autoridades. Y, por tanto, no hay un ataque central al poderío económico, a las empresas fantasmas, al lavado de dinero, a los secretos bancarios, ni a la cobertura que se le da a niveles municipales y estatales. Hay protección federal al narco”.
No hará falta que concluya el quinquenio de Felipe Calderón para entender que la herencia del gobernante será “una democracia militarizada y carcomida por el narcotráfico. El presidente Calderón llegó con un síndrome de debilidad. Ganó las elecciones con menos de medio punto de ventaja sobre Manuel López Obrador, pero quince millones de mexicanos no lo consideran un mandatario legítimo, y lo siguen llamando espurio”, señala Reveles
RN: ¿De ahí la presión que tuvo para escoger el enfrentamiento bélico?
J.R.: “Sí, para poder decir que aquí hay una mano firme, rodeada de militares. Sacar a los militares de los cuarteles es fácil, regresarlos es lo que cuesta mucho trabajo. La ley de seguridad nacional hace evidente la intención de establecer un régimen aún más cargado hacia el militarismo, aunque, de facto, el país está ocupado por las fuerzas federales, pero eso no lo permite la ley. El Ejército dice: queremos la ley. Hagan los artículos necesarios para que nos protejan y nos den claridad en el accionar. Ellos saben que están cometiendo atrocidades, detenciones en retenes, intervenciones telefónicas, aprehensiones masivas sin la ley en la mano. La ley de seguridad nacional busca darles el marco adecuado, llegando al extremo que se pueda declarar estados de excepción en sitos de ingobernabilidad”, puntualiza el informador e investigador mexicano.