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22 November, 2011 - 13:39

China y las expresiones de protesta

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El pasado 21 de octubre, un ciudadano de la provincia china de Hubei se inmoló en la Plaza de Tiananmen en un acto de protesta.

Iris Mir

La acción tardó tres semanas en llegar a la prensa internacional, cuando el periódico británico The Daily Telegraph publicó las fotografías tomadas por unos turistas que presenciaron los incidentes.
Este hecho obligó al departamento chino de seguridad pública a emitir un comunicado mencionando el incidente. El caso de Tiananmen fue relacionado con una disputa legal, pero coincidió con una ola de inmolaciones entre monjes tibetanos.
Son desesperados actos de protesta que apenas trascienden en el interior del país, pero que en el exterior llevan a los medios a cuestionarse si tales acciones se pueden asociar a un patrón de muestras de rebeldía. Más de una decena de inmolaciones o acciones brutales como ésta son la única opción para poder alzar la voz de aquellos que en China luchan por sus derechos.
Es por este motivo que el primer ministro tibetano en el exilio, Lobsang Sangay, cree que “cuando hay una protesta, nuestro deber sagrado es mostrar solidaridad y apoyo para que el sacrificio que ellos hacen o la tortura que sufren no sea en vano”.
No todos los que manifiestan su protesta llegan a recibir el reconocimiento de sus conciudadanos. Se desconoce si podría haber más casos de inmolaciones que podrían haber sido ocultados por el gobierno chino. El reciente caso de Tiananmen, por ejemplo, pasó desapercibido en los medios de comunicación locales y en los micro blogs. La rapidez de las fuerzas de seguridad que custodian Tiananmen fue clave para disimular el poder de una imagen como la de ver a un hombre desesperado prenderse fuego en un lugar emblemático de China. Según los testigos, en tan sólo diez minutos la plaza había regresado a la normalidad. Los policías habían apagado las llamas con extintores, se habían llevado al herido al hospital y los servicios de limpieza habían limpiado la zona.
[related-articles]Temor a disidencia organizada
Aunque las inmolaciones salgan a la luz, el verdadero temor del Gobierno es la disidencia organizada, por su elevado poder de trascendencia. La censura china es eficaz, apartando de la opinión pública incidentes aislados como las inmolaciones, pero les resulta mucho más difícil poner freno a la capacidad de convocatoria de disidentes como el artista Ai Weiwei. El partido comunista lleva meses intentado cercar al activista. Sin embargo, las muestras de apoyo no han cesado en la larga lucha del artista contra Pekín. Ai Weiwei confía en que la vía legal es la única opción para conseguir avanzar en esta lucha; “como ciudadano, mi inocencia está vinculada a la inocencia del país. No hacemos esto sólo para nosotros, creemos que la vía legal tiene que ser justa y transparente. Éste es el único camino por el que vemos que podemos tener esperanza para nuestro país”.
La prueba de que los disidentes como Ai Weiwei están en el camino correcto es que la presión doméstica e internacional ha obligado en más de una ocasión al ejecutivo chino a retroceder. La directora de Human Rights Watch en China, Sophie Richardson, cree que el caso de disidentes como Ai Weiwei o el abogado ciego Chen Guangcheng demuestran que la presión doméstica e internacional tiene suficiente fuerza como para poder hacer retroceder al ejecutivo chino. “El extraordinario apoyo conseguido dentro del país para el abogado ciego Chan Guang Cheng, quien sigue bajo arresto domiciliario, y cuya hija ha podido acceder a la escuela gracias a la presión de los conciudadanos chinos. Y la liberación de Ai Wei Wei después de la presión internacional. Ambos demuestran que el Gobierno chino responde a la presión”.
En estos casos se ha demostrado que la acción colectiva es mucho más eficaz que aislados actos, o incluso, la presión de la comunidad internacional, la cual ha sido ignorada en repetidas ocasiones por China. Algo que reafirma Zhang Haining, voluntario que apoya la lucha de Ai Weiwei y que cree en el poder de la sociedad civil: “quiero mover los corazones del pueblo chino y espero que ahora no esté demasiado dormido. Si cada uno hiciera una pequeña contribución, creo que podría convertirse en una poderosa fuerza que no tema las consecuencias de sus acciones”.
Legalizar prácticas condenables
En este pulso, el ejecutivo chino ha dado un paso más, intentando legalizar prácticas como la de las cárceles negras o las detenciones preventivas. Es un peligro del que advierte Richardson, quien alerta que “en lugar de ver al Gobierno chino seguir sus obligaciones internacionales, hemos visto como ha emprendido los sorprendentes pasos para intentar legalizar esta práctica en lugar de erradicarla. Se ha propuesto una nueva legislación, revisiones del código penal, que en determinados casos permitiría mantener a la gente detenida en localizaciones secretas hasta un máximo de seis meses”.
La frustración del pueblo y su imposibilidad de expresarla ha llevado a algunos a tomar medidas drásticas que suponen una amenaza para la estabilidad perseguida por China, que busca cortar de raíz estas acciones a través de la más dura represión. Consciente de que puede ocultar casos aislados como las inmolaciones, pero no el clamor de un pueblo que pide cambios.